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Pensar demasiado nos hace sufrir ¿empezamos a pensar mejor?

Pensar demasiado nos hace sufrir ¿empezamos a pensar mejor?

Que difícil es gobernar nuestra mente. De verdad que es difícil hacerlo de forma que nos beneficie.

Me habrás leído mil veces decirte que tienes que pararte a pensar, que no puedes ir en piloto automático, que tienes que escucharte, que tiene que pararte a reflexionar sobre ti.

Sí. A todo esto sí. Claro que sí.

Sí, pero…

Sí, pero sin pasarte.

Sí, pero sin enclaustrarte en tus propios pensamientos.

Sí, pero sin obsesionarte con tu situación y tus circunstancias.

Y aquí la dificultad. Con una buena parte de mis clientes trabajamos en reflexionar en todos estos aspectos. Y es increíble el poderoso efecto de la reflexión, de esa puesta en orden de pensamientos, deseos, objetivos y acciones. Pero con otra buena parte, trabajamos en justamente lo contrario. En dejar de pensar en exceso. Les resta productividad.

Pensar demasiado nos hace sufrir.

Y el sufrimiento te pone de cara con la más oscura de nuestra realidad: la soledad de nuestra existencia (sé que no lo parezco, pero en el fondo soy una intensa)

Me pongo seria ahora. Veo muchas personas encarceladas en la soledad de su existencia. En su pensamiento hipercentrado en ellos mismos. En sus circunstancias. En sus consecuencias. En ellos. Sólo en ellos. Cuando entras ahí no hay salida.

Cuando estamos apostando por tu desarrollo profesional, nos la jugamos. En tu búsqueda de empleo, en tu desarrollo, en tu mejora profesional tú sólo no eres nadie. Y si tú estás mal, no vamos a conseguir nada.

Y es que pensar en nuestros problemas, en nuestra situación, etc. está bien. Pensar demasiado en nuestros problemas nos aleja dramáticamente de nuestros objetivos. Y peor aún, nos produce un amargo sentimiento de frustración.

Reflexión sí, hiperreflexión no.

Y tal como dice Viktor Frankl (en psicología todo lo cotidiano que nos ocurre tiene un nombre y una explicación científica) de la hiperreflexión se deriva un segundo problema: la hiperatención.

Se entiende muy fácil; la preocupación excesiva por conseguir nuestros resultados nos lleva a la imposibilidad de relajarnos. Y si no nos relajamos pensamos poco y mal y el número de errores se dispara.

La gestión de nuestra marca personal no se libra de este fenómeno tampoco. Percibo con demasiada frecuencia niveles de preocupación excesiva por generar impacto, por conseguir resultados, por un determinado nivel de visibilidad e influencia.

Y también percibo un tirar la toalla temprano por el agotamiento que esto nos produce. De verdad que sufrir no correlaciona con fluir. El karma no te va a devolver con éxitos tu abnegación. De verdad que no.

La solución pasa por no pensar tanto en nosotros. Pensar más en los demás.

Esta semana Santa he disfrutado de Aprendiendo de los Mejores de Francisco Alcaide. Abría cada noche el libro por un autor. Y si no era el que me apetecía, cambiaba, pero esto no es lo realmente importante. Te quiero traer la reflexión que ilustra muy bien esta idea que te quiero transmitir:

“Regala esperanza cuando a ti más falta te haga.

A veces la mejor forma de salir de un bache es tratar de mejorar la existencia de otros” 
N. Vujicic 

Cuanto más vivo, más descubro que la clave de todo está aquí. Dejar de poner el foco en nosotros.

Para pensar mejor, piensa menos en ti.

Para avanzar más, preocúpate menos. Ocupate millones de veces más. Acción, pasa a la acción.

Para sufrir menos, centra tu atención en las acciones que has establecido como indispensables para conseguir tus objetivos y cuya ejecución está en tu mano.

Para vivir mejor no te obsesiones con el resultado. Ese llegará. En la forma que imaginabas o una forma mejor. Y, no nos engañemos, también vendrá en forma “sigue buscando” pero entonces…, entonces seguirás aprendiendo.

Para vivir mejor, para obtener mejores resultados, para alcanzar tus objetivos profesionales y personales pon el foco en los demás.

Qué necesitan, cómo puedes ayudarles, cómo les vas a resolver problemas, cómo puedes dar por el mero hecho de dar, sin esperar nada a cambio, cómo vas a provocar una sonrisa genuina en alguien, cómo vas a acariciar el alma de esa persona a la que tanto le hace falta. Cómo lo vas a poner en contacto con una persona que él necesita, cómo vas a poner en valor su talento, cómo vas a allanar el camino para que pueda brillar.

Hazlo. Tu felicidad está en tu capacidad de darte a los demás. Y tu éxito también.

Para alcanzar este estado tienes que salir de ti. El foco de tus pensamientos no puede estar exclusivamente en ti.

En ti sólo, en tu cabeza, los problemas cobran una dimensión inarbacable.

Aquí hago marketing de mi profesión. Este es el real valor que aportamos y este el motivo por el que la necesidad de los psicólogos en esta ruidosísima sociedad estará aún más al alza.

Cuando hablas tus problemas disminuyen. Cuando te escuchan tus problemas pierden fuelle y las variables de las que dependen tus problemas aparecen. Cuando te escuchas, resuelves tus problemas porque piensas en las acciones. No en la causa, no en el resultado. Cuando escuchas las preguntas adecuadas, estarás muy cerca de pasar a la acción. Cuando hablas dejas de estar sólo, dejas de hiperreflexionar para pasar a oxigenar. Y este es el único camino para liderar tu proceso de desarrollo.

¿Qué te parece la invitación? ¿Te animas a pensar menos para pensar mejor?