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Límites: ¿cómo gestionarlos para liderar tu vida profesional y personal?

Este año he hecho más sesiones individuales que en toda mi vida. Como sabes, trabajo fundamentalmente con aspectos que tienen que ver con el desarrollo profesional, con la búsqueda de empleo, con entrenar competencias de comunicación y liderazgo imprescindibles para la vida profesional y con el talento. En todas sus manifestaciones y en todos los lugares en los que ocurra.

Pero claro, esa distinción profesional y personal, a estas alturas del partido no se la cree nadie. Las características de nuestros nuevos trabajos y modelos de negocio, las habilidades personales a poner en marcha en contextos profesionales hacen que cada vez más, y como no puede ser de otra manera, se entremezcle lo que jamás debió ser separado: la persona y el profesional.

Límites: puntos comunes

Llevo unos meses dedicando una vez al día uno de mis pomodoros de 25 minutos a detectar puntos comunes. Si algo me obsesiona es entenderte mejor para poder ayudarte más. Así que me siento, pienso y escribo. Te iré contando, como ya hago, muchas de estas reflexiones por si a ti también te puede venir bien. Pero hay una que especialmente nos ha traído de cabeza este año. En mis notas se repite mucho la palabra límites.

La idea de cuidarnos a nosotros mismos poniendo límites a la conducta de los demás sobre nosotros. Y la forma en la que nosotros respetamos nuestros límites y los de los demás.

Límites Elena Arnaiz

Foto realizada por Manuel Morillo. Las modelos las puedes adivinar en comentarios 🙂

Y en la dificultad de identificar y comunicar los límites personales he encontrado un punto común de dimensiones tremendas: cómo afecta nuestra habilidad para gestionar nuestros límites a nuestra vida.

Me explico un poco más:

Límites y liderazgo

Como seas líder y no seas capaz de poner límites te vas a tragar el trabajo de todo tu equipo. Vas a absorber más de lo debido y no vas a ser capaz de delegar.

Tu carga emocional se dispara hasta hacerte enfermar (literal, por desgracia lo he visto mucho más este año)

Como seas líder y te excedas en los límites que pones con los demás, estás asfixiando a tus personas hasta hacerlas enfermar. Y esto es INADMISIBLE.

Límites y gestión del tiempo

Como pones por delante a todo bicho viviente menos a ti, tu jornada profesional se alarga hasta el infinito. Y, cuando ya no puedes más, entonces te sientes mal porque no llegas. “¡Pa´encima!” Y, a veces, esto se debe a que en tu rol personal y familiar tampoco los sabes poner. Y tiran y tiran de ti hasta que te rompes.

Así que tienes empatía con todo el mundo y vas tragando, tragando, porque como no sabes poner límites no sabes decir que no, hasta que un día revientas. Y ocurren dos cosas: o enfermas o tu contestación es tan desproporcionada a la persona y al contexto concretos (es lo que tiene acumular) que tú mismo te asustas. O te pasas o no llegas. Otro síntoma más de tener dificultad con los límites.

Límites y emprendimiento

Me río yo de lo de que una de las ventajas de ser autónomo es que no tienes jefes. Ja. Tienes tantos jefes como clientes tienes. Y a tus jefes les sueles tener el truco pillado, pero a tus clientes los acabas de conocer, así que la sintomatología de los freelance con dificultad para poner límites es de amplio espectro, pero he visto desde aceptar incrementos del alcance las propuestas pactadas hasta límites insospechados hasta negociaciones que rozan la denigración del profesional hasta comprobar “autoestimas profesionales” deterioradas fruto de esto.

límites

Límites y marca personal

Desde la ansiedad por no ser capaz de llegar a todas las peticiones que te hacen llegar a través de todas tus redes sociales, hasta incapacidad para decir que no a propuestas profesionales en las que te dicen abiertamente que no van a pagarte pero tú tienes que dar a cambio tu tiempo, tu conocimiento y tu vida.

Desde no sentirte merecedora (uso el femenino con toda la intención porque la incidencia de la variable de género en este aspecto me da para más post y esto no los tenemos que trabajar sí o sí) de tus logros ni de tus reconocimientos hasta sentir que lo importante son las carreras profesionales de los demás. Y la tuya siempre puede esperar. Cuando tú sientes que eso no es así.

Límites y autoestima

Con todo este panorama que te he contado: ¿imaginas cómo está la autoestima de las personas que son incapaces de poner límites? Pues a esto ahora súmale que una de las premisas de cualquier proceso de desarrollo profesional parte de la base de algo parecido a: Si no crees en ti quién lo va a hacer. Imagina la relación.

Límites y tú.

Si en tus relaciones personales no eres capaz de poner de manifiesto tus límites, tu desarrollo personal, profesional y tu integridad psicológica y vital están en serio peligro. Te puede sonar muy exagerado.  Pero te aseguro que si en tu vida personal estás así, es muy complicado que tus estrategias profesionales funcionen. Y hasta que no hay persona, no hay desarrollo. Y si estás desconectado de ti porque estás desdibujado en los límites que no eres capaz de poner con los demás. Hasta que no solucionemos esto, no hay nada qué hacer.

Las personas que invaden los límites de los demás no están leyendo este post. Y si lo están haciendo no van a ser conscientes de que ellos lo hacen. Así que vamos a centrarnos en lo que si puedes hacer tú.

La premisa más dura de la que tenemos que partir es que tú también puedes estar cayendo en este horrible patrón de relación con alguien. Y yo. Me muero de dolor solo de pensarlo. Y sé que tú también. Pero es el primer paso para romper estas espirales es aceptar que nosotros también podemos ser tóxicos para otros. Así que yo me he anotado aquí esto para leérmelo de vez en cuando. Por si se me va la pinza.

Límites Elena Arnaiz

Por si soy yo la que invado los límites

Cuando quieras saber algo sobre alguien, vas y se lo preguntas. Si no ha lugar, ya sabes lo que tienes que hacer. Te aguantas.

Cuando tengas dudas sobre algo de alguien, no te lo inventes. No difames. No contribuyas al rumor.

Cuando tengas dudas entre guardar silencio o hacer daño…ya sabes. El silencio es, casi siempre, la mejor opción.

Cuando dejemos de ponernos a nosotros, a nuestro interés, a nuestra curiosidad y a nuestra maldad en el centro estaremos más cerca de “lo bonito”.

Cuando sienta que mi opinión es más válida que la de otros, piensa que es como los ombligos. Cada uno tenemos el nuestro. Y si piensas esto, tal vez y solo tal vez, te creas que el tuyo ocupa el centro del mundo. Y no.

Fortalecer nuestra autoestima a base de menospreciar a otros no es una opción. Cambiar de tema cuando alguien nos cuenta sus logros para no dedicarles demasiado tiempo, tampoco.

Cuando crea que a esta persona no le cuesta trabajo, pregúntate si a ti te cuesta esfuerzo. Pues a ella igual. Su tiempo y su energía no es menos valiosa que la tuya.

Cuando te cuestiones porque tus relaciones personales y profesionales no van todo lo bien que tu quisieras…háztelo mirar también por este lado. Que no todo va a ser cuestión de (mala) suerte.

Para recordarme que dejar que sobrepasen mis límites es hacerme daño a mi.

Mi tiempo es valioso. Y limitado. Es necesario priorizar a qué y con quién paso mi tiempo.

Mi energía es valiosa. Y limitada. Y quiero estar el tiempo mínimo imprescindible en lugares y con personas que me la desgastan que con sus quejas, sus límites impuestos sobre mi y su egocentrismo me la desgastan.

No soy más que nadie. Pero tampoco menos. Sea quien sea la persona que tenga delante. Tenga la profesión, el dinero, la procedencia y el género que tenga. No soy menos. Pero tampoco más.

Las personas con las que me relaciono son como son. Y se comportan cómo quieren y pueden. Creer que puedo cambiar el comportamiento que tienen si a mi me hace daño es delirante. Esforzarme en entender una y otra vez por qué se comportan cómo lo hacen también. Elijo preguntarme: ¿quiero esto que me hace sentir esta persona para mi? Y si la respuesta es no, elijo cuidarme. Y, a veces, eso implica irme. Pero sea como sea, implicará mucha comunicación, mucha gestión y mucho mantenerme en mi centro. Y eso es doloroso. Pero traicionarme a mi, lo es más.

Personas bonitas son aquellas que saben amar sus límites y los de los demás.

Y aquí la principal competencia a imitar y a entrenar de las personas bonitas: Saben poner límites para cuidarse a ellas. Y saben no exceder los límites de los demás para no herir a nadie.

Puedes ser muy bonita, y dejarte desprotegida ante los intereses poco generosos y egocéntricos de los demás. Y entonces, eres “tóxica” para ti.

Puedes ser muy bonita para aquellas personas que te dejan ir un poco más allá en los límites que ponen en sus relaciones. Pero a aquellas otras de límites más estrictos les puedes resultar asfixiante, porque invades. Sin querer. Pero puedes hacerlo. Asumir que podemos hacer daño sin querer, de forma inconsciente es un ejercicio al que sería genial que todos nos sometiéramos.

La toxicidad es relacional. Así que el mejor antídoto para ella es amar tus límites.

Esto de la toxicidad y la “bonitez” (jajajajaj me encanta desafiar a la RAE) es relativo y subjetivo, porque es relacional.

Nadie es bonito para todo el mundo. Ya lo dice La Vecina Rubia, no a todo el mundo le gustan las croquetas.

Límites

Y viceversa. Piensa en la persona más tóxica que conozcas. Pues hay alguien en el mundo que la adora. Y por sorprendente que te parezca, tú mismo puedes ser la persona más tóxica para alguien en el mundo. Y hay mucha gente que no opina lo mismo de ti ¿verdad? Pues eso.

Relacional. De dos o más.

Y luego también está la maldad. Que esto también da para otro post. De momento, en este me doy por satisfecha si te llevas que es muy importante no mezclar maldad con ser una persona que en tu relación con otras puedes encontrar toxicidad. Y que no es necesario tragártela sin más.

Preguntas para identificar tus límites.

Para que te vayas con la cabeza echando fuego respóndete…

  • ¿Sé poner límites?
  • ¿Sé cuáles son muy límites?
  • ¿Los expreso de forma agresiva o más o menos se me entiende sin arañar a nadie?
  • ¿Me siento mal con demasiada frecuencia porque doy y doy de mí a una persona y parece que la otra persona nunca mueve un dedo si a él/ella no le beneficia?
  • ¿Sé distinguir cuándo las demás personas tienen un gesto bonito por mi o si única y exclusivamente lo hacen porque obtendrán un beneficio a cambio?
  • ¿Daño a otras personas cuando expreso mis límites? ¿Alguien me ha expresado abiertamente que si se siente dolido por mi forma de marcar mis límites? ¿O tal vez me han dicho que se sienten dolido por qué solo pienso en mí?
  • ¿Trato de desafiar los límites de las personas que me lo consienten?
  • ¿Cuando actúo pienso en el bienestar de las dos personas?
  • ¿Cuido el bienestar de las personas con las que me relaciono con el mismo cariño con el que cuido el mío?
  • O al revés ¿cuidan mi bienestar con el mismo cariño, dedicación y atención con la que tú cuidas el de los demás?
  • ¿Sientes que eres capaz de generar relaciones equitativas, recíprocas y sanas? O más bien sientes que siempre pierdes. O que si no ganas tú, no te sientes del todo bien.

Vale, vale, ya paro. Pero has entendido por dónde van las preguntas ¿verdad?

No imaginas el bien que te haces cuando eres capaz de entender tus límites y tu forma de cuidarlos y respetarlos en tus relaciones. Si te lo quieres dejar de imaginar, prepárate a trabajar, porque es muy gordo lo que hay que detrás.

Ponte límites. Ponle límites. Ámate. Ama. Amar y darlo todo, implica esfuerzo pero nunca sufrimiento.