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Darlo todo

Darlo todo

Darlo todo “talentistícamente” hablando.

Me habéis escrito mucho tras el post anterior Dejarte ser.

También repasé las preciosos y valiosísimos mails con los que me alegráis la vida como respuesta a mi Newsletter Desde la trastienda y me dí cuenta de que también había tenido especial interacción ese mail.

Especial por número y especial por dureza de vuestros sentimientos al leerlo. Y por la reacción de impotencia y las ganas que me entran de salir corriendo a abrazaos que me entran (y a ponernos a trabajar) cuando leo según qué cosas.

Las consecuencias de no dejarte ser son terribles.  Y me lo narráis como algo muy parecido a no vivir (o perder las ganas y el sentido de hacerlo).

Terriblemente doloroso.

No sé si es origen o consecuencia. No lo tengo del todo claro. El caso es que estuve dándole vueltas unos días, y de ahí saqué una gran reflexión para uso personal. Como siempre comparto contigo, por si te puede servir.

Si no te dejas ser, no puedes darlo todo.

Pero el caso es que si no te dejas ser, no lo puedes dar todo. Y si no te das, dejas de ser.

Cada vez estoy más firmemente convencida de que el talento, si lo dejamos dentro, nos asfixia. Nos devora por dentro.

Cada una de las oportunidades que perdemos de darlo a los demás se convierte en frustración, cada una de las ilusiones rotas que nos produce no dárselo a los demás por si no lo valoran nos hace sentir un poco más pequeños.

No sé. Lo que tengo claro es que…

Hay algo que está en mi mano: darlo todo.

El caso es que una posible solución a dejarte ser es concentrarte en algo que está en tu mano: darlo todo.

Cuando yo empecé a poner mi talento en acción, allá por el año 2013, 2014… no pensaba mucho (en realidad eso no ha cambiado tanto ).

Mi mayor aprendizaje de aquella época es que de las mil cosas que no dependen de mí para que me vaya bien en lo profesional hay, al menos una en la que puedo incidir: darle a los demás todo lo que sé.

Sin juzgar si es mucho o poco, si les va a gustar o no. Más simple, solo centarme en dar a los demás lo que sé.

Y empecé a escribir. A dejarlo salir.

Cuando comprobé que no había alterado ninguna ley Universal decidí que era el momento de darle a los demás lo que sé hacer.

Y empecé a hablar. A explicar, a formar, a acompañar.

Y los resultados fueron llegando. Claro, no puede ser de otra forma.

Pero eso, lo veo ahora. Ahora que ya lo hice. Di todo lo que tenía dentro. Y como consecuencia, llegaron los resultados.

Quiero más.

Estos años de mucho dar, pero también mucho hacer, mucho pensar y, sobre todo, mucho vivir, me estaban dejando exhausta. Y me di el permiso de bajar revoluciones. Y fue una decisión muy inteligente.

Lo fácil y natural, en este punto, es tender a mantenernos, a acomodarnos. Es tan humano, tan necesario a temporadas. Pero cuando pones el piloto automático y todo parece fluir con serenidad (que estado tan maravilloso, de verdad) comienzas a mirar por el retrovisor y algo en tu olfato te dice que el estancamiento está cerca.

Y repasas tus acciones y ves que empiezan a ser acordes a esa sensación. Y está bien. De verdad que creo que aceptar estos ciclos con normalidad forma parte del éxito. Pero necesitamos ser conscientes del punto en el que estamos y del punto en el que queremos estar.

En mi caso, bien centrada en cuidar los resultados y los clientes ganados a pulso tras años de un currazo que mí se queda, me permití disminuir muchísimo mis publicaciones en este querido blog. Las redes sociales, me encantan y las disfruto pero abandoné la estrategia. No he destinado tiempo de calidad suficiente ni para ir a eventos presenciales, ni para establecer nuevos lazos sólidos de networking que tan buenos resultados me han traído.

Dejé de darlo todo. Y así no hay quién brille.

Porque, recuerda siempre que en relación a todo esto del talento, somos la suma de las personas que ayudamos a brillar.

Si no damos todo lo que tenemos dentro a los demás ¿cómo rayos quieres ayudarlos a brillar? ¿Cómo quieres brillar tú como consecuencia?

Me lo repito y te lo repito siempre. Para que no se nos olvide.

Se puede estar en serenidad y equilibro y seguir dando todo nuestro talento a los demás.¿Cómo? Entendiendo que hay detrás de esa supuesta pereza…

Por pereza. ¿Por pereza?

No es pereza por hacer lo que yo sentía. Atención que es profundo.

Dejé de darlo todo por la pereza que me da la gestión psicológica que hay que realizar para enfocarme en lo mío (en darlo todo y en mi caminito) y en olvidarme de:

  • las valoraciones negativas que sin duda me llegarán,
  • de la indiferencia de la gran mayoría (porque recuerda que No somos tan importantes)
  • y de las expectativas que nos hacemos de las expectativas que otros se hacen sobre nosotros (no es una errata).

 

Por dedicarles tiempo a mis fantasmas e invenciones no te voy a dejar a ti (que potencialmente vas a leer esto sé que te hará bien) sin lo tuyo.

 

Me niego. Este año no estaba cómoda con cómo había empezado el año. Me estaba acomodando en exceso. Me estaba anestesiando un poco. De ahí a perder la ilusión hay un paso. Y a comenzar a ir pa´atrás, otro.

 

No lo quiero. No lo quiero para mi. No lo quiero para ti.

 

Darlo todo. Y dejarme ser.

 

Eso quiero para mi este año y a eso me comprometo a acompañarte.

¿Y tú?


Sabes que me encanta leerte. Te animo a que uses el medio más cómodo para ti y me dejes ver cómo lo estás viviendo tú y qué te parece.

Sabes que escribo con mayor frecuencia y más desde el interior de mi trastienda en mi Newsletter. No dejes de suscribirte. En la de esta semana te cuento más detalles de todo esto.

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