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Dejarte ser

Dejarte ser.

Las personas que brillan, son las que se dejan ser.

Y si quieres brillar más, entonces, tienes que dejarte ser más.

Podría acabar aquí. Pero te imagino con carita desolada, clamando al cielo un poco más de chapa en relación a esta idea.

No sufras, allá voy.

Dar lo que tienes dentro

La hipótesis de la que parto es que lo natural en el ser humano es dar lo que tiene dentro. Lo que siente por los demás, lo que sabe hacer, lo que ha aprendido o lo que crea. Basta con acercarse a un niño pequeño para validar esta súper teoría.

En definitiva, nada de todo esto está hecho para ser guardado. No es para ti solo. Hay algo así como una fuerza sobrehumana (voy a empezar a fliparme un poco ya) que hace que te inclines una y otra vez a sacar de ti lo quiera que sea que has ido acumulando con los años.

¿Para qué?

Para dárselo a los demás.

¿Por qué?

Porque somos animales sociales. Porque hemos llegado hasta aquí porque nos hemos agrupado en sociedad. Porque el talento es una variable relacional, social y sistémica.

Porque Eres la suma de las personas que ayudas a brillar

Eres la suma de las personas que ayudas a brillar

Has sentido de darle lo que tienes dentro a los demás. Estoy convencida.

En función de la cantidad de años que lleves sin dejarte ser, se te ha olvidado ya la sensación.

Y esta cantidad de años también correlaciona con nuestro nivel de frustración. Menos te dejas ser, más crece tu frustración.

Más crece tu frustración, más te atribuyes a tu falta de capacidad o de valentía tus resultados y más haces tambalear tu autoestima.

Todo esto, por no dejarte ser.

No te dejas ser cuando te escondes.

Cuando te desdibujas en darte sin medida a las peticiones que los demás te hacen. Aunque te perjudiquen a ti.

Cuando te esmeras en querer gustar a todos.

Cuando te consumes en la culpa por no estar a la altura de quien sabe qué estándar.

Cuando no tienes ni idea de quién eres.

Cuando crees que para ser tienes que hacer. O tener. O, peor aún, parecer.

¿Cómo te vas a dejar ser si no te has parado a ver qué es lo que queda de ti tras todos estos años?

No voy a sacudir los cimientos de tu niñez con teorías explicativas sobre como los intentos de tus padres, tus profes, novietes y de tu prima la de Toledo… de encajarte en su molde (en el suyo, ojo) han ido dándote señales claras de que ser cómo eres no es una buena idea.

Esto es así para todo el mundo y en función de la suerte que hayas tenido (porque si, la suerte existe), te habrá afectado en mayor o menor medida.

Pero no hay excusas, más caña te han dado antes, más trabajo te toca hacer ahora.

La buena noticia es que siempre hay posibilidad de saber quién eres para, a continuación e inmediatamente, dejarte ser.

La gran dificultad de expresar tu talento, tus sentimientos, tu arte, tu habilidad o lo que quiera que sea que tengas que comunicar es que el hecho de que tú inicies y mantengas la conducta de dar depende automáticamente de la respuesta y el feedback de quién lo recibe.

Años de aprender a modificar aquello que tú emites para encontrar siempre el refuerzo positivo de quién lo recibe te llevan a no saber ni dónde tienes la mano izquierda.

En muchos casos, las personas se encuentran inseguras y temerosas ante cualquier situación que requiera la evaluación y el juicio de otras (imagina la repercusión que esto tiene cuando estás buscando empleo o cuando tienes que comunicar en público o cuando parte de tu estrategia de marca y posicionamiento pasa por compartir contenidos antes miles de absolutos desconocidos)

En el peor de los casos, las personas entran en una especie de indefensión aprendida, en la que el mensaje que interiorizan es algo así cómo: No voy a hacer nada. Porque haga lo que haga estará mal”. Y, entonces, desde afuera los vemos y los etiquetamos casi automáticamente como vagos, inactivos y/o parados. Y se lo hacemos saber con mensajes relacionados con su escasa productividad. Y ellos se mueren un poco más por dentro.

NOTA: Es urgente que en este demoledor sistema productivo imperante, sepamos diferenciar entre quién no quiere hacer y quién no puede hacer.

Y en el más apocalíptico de los casos, las personas entran en un bucle de perfeccionismo y autotiranía que es demoledor. Se destruyen la autoestima ellos solitos de una forma que, vista desde fuera, lo único que me dan ganas es de mandar a tomar por saco toda la Psicología que sé, y abrazarlos con fuerza.

¿Qué función cumple la búsqueda de esa perfección? “Si me esfuerzo de forma infinita, cuando lo vean ahí fuera serán más condescendientes conmigo” (fijaos en lo absurdo de esta creencia).

También me sueles verbalizar algo así como “Si me he esforzado mucho, si no les gusta al menos yo no me sentiré culpable” “Si lo hago sin esfuerzo, es imposible que nadie le de valor”

Un infierno en vida. Un delirio con patas (no hace falta estar psicótico para delirar, fliparías con la cantidad de veces que se nos va la pinza al día)

Nadie, absolutamente nadie te va a valorar más porque hayas revisado algo tres millones de veces.

Nadie, absolutamente nadie va a ser más compasivo contigo porque tú tengas mucho miedo a su valoración. Si les gusta, les gusta y si no, no.

Dejarte ser implica mirarte a ti.

¿Cuál es mi objetivo personal con escribir y reflexionar sobre esto?

Dejarme ser. Un poco más yo cada día.

Ese es mi objetivo desde hace muchos años. Mi camino. Lo que sé. Lo que me mueve. Lo que me gusta. Lo que me interesa. Lo que me nace de dentro. Dártelo.

Hace un tiempo que había dejado de hacerlo. La gestión emocional tras la muerte de mi padre, aprender a vivir sin él, cuidar a mi madre, cuidarme a mi y a las personas que nos quieren, promocionar mi primer libro y las maravillosas (pero agotadoras) consecuencias que publicarlo me ha traído, trabajar como una leona porque la vida del autónomo no entiende mucho de duelos, me dejó completamente exhausta.

Por unos momentos empecé a dejar de ser yo para convertirme en el reflejo de la expectativa que otros se habían hecho sobre mi. Me di cuenta de que estaba empezando a dejar de comunicar desde mí más profundo interior, por si rompía esas expectativas. Por si después de tanto curro, el juicio negativo caía implacable sobre mi.

Algo así como la alarma de un reactor nuclear empezó a sonar por aquel entonces. ¡No! Stop.

Estaba claro, con cada oleada de nuevos acontecimientos algo en ti cambia. Ya eres de otra manera. Si no te paras a observar cómo ha quedado recolocado todo ahí adentro inicias el camino de abandonar ese maravilloso “dejarte ser”.

Todo lo que nos pasa en nuestra vida nos hace crecer, aprender y, en definitiva, cambiar. Todos estos cambios requieren un tiempo para que dejen poso, para que aprendas de nuevo a reconocerte en ellos y para que vuelvas a dejarte ser.

Y, aquí estoy, aprendiendo una vez más a dejarme ser. El único camino posible para conseguir lo que buscas, para encontrar tu camino, para, en última instancia, vivir.

 Te invito a que empecemos el año con el ser.

Empieza a indagar tu particular camino para dejarte ser. Busca en ti tus principales obstáculos para lograrlo, suelen estar disfrazados con el traje de pavor a ser descubiertos por los demás y ridiculizados, infravalorados y/o criticados por ellos.

 

Adelanta el paso a todos estos fantasmas. Esta soy yo. Esto es lo que tengo para ti. Si te gusta bien, coge lo que necesites. Y si no, también. Vete en busca de quién te de lo que quieres para ti.

 

Así con todo, con mis relaciones personales. Con mi trabajo. Contigo. Conmigo. Hazlo así para ti con todo, con tus relaciones personales, con tu trabajo, contigo.

Déjate ser. Y alucina con lo que vas a ser capaz de hacer.

Espero tus comentarios.


Este artículo tiene justamente año y ha sido publicado, comentado en el uno a uno y adaptado para aparecer más públicamente en mi newsletter Desde la Trastienda. El tono allí es infinitamente más íntimo, más personal y es el lugar en el que más me dejo ser. Así que iré rescatando la esencia de algunos de los mails que he enviado el año pasado y les meteré un poco de censura para publicarlos aquí. Si este año no te quieres perder la versión más “sin filtros” solo con dejar un mail es suficiente.

Vente que lo pasaremos bien.

Elena Arnaiz Dejarte Ser