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Entrevista de trabajo: ¿respondes preguntas o negocias?

No te voy a hablar sobre la forma de dar la mano en la entrevista de trabajo, ni sobre si para las mujeres es mejor llevar falda un dedo por encima de la rodilla y la eterna duda sobre si corbata sí o no para ellos. Ni tan siquiera te diré cómo te tienes que colocar en la silla y que tengas muchísimo cuidado si sientes picor en la nariz no vaya a ser que algún malicioso entrevistador piense que le estás mintiendo. No, realizar una buena entrevista no va de esto.

Tiene más que ver con tu nivel de desarrollo profesional, con el grado de conocimiento de tus competencias estrella y con la manera en la que las muestras y las comunicas. También tiene más que ver con tu conocimiento del mercado, con el grado de conocimiento de adecuación de lo que tu sabes a hacer a lo que esa empresa necesita. Superar una entrevista tiene mucho más que ver con nuestra actitud que con los mínimos detalles que te comentaba al inicio.

Allá vamos:

  1. Keep Calm: ¡si has llegado a este punto tienes competencias muy adecuadas para el puesto!

Ahora sólo toca trabajar para que las tengas bien identificadas y entrenar para que las comuniques de forma eficaz. Ningún entrevistador va a “enamorarse” de nada que tú no le cuentes. No tenemos el poder de la adivinación, tus bazas te las juegas tú y tu capacidad para enseñar tu propuesta de valor en todas las oportunidades que el entrevistador te facilite. Recuerda que en esta fase ya han visto tu potencial para el puesto, ahora sólo tienes que ir a convencer y averiguar si a ti te interesa lo que la empresa te ofrece (ésta última parte la solemos olvidar con frecuencia)

  1. Tú tienes el trabajo, yo tengo el talento: a los dos nos interesa llevarnos bien.

Deja ya de sentirte en posición desigual, en la que tú estás allí abajo y el entrevistador te evalúa y juzga desde arriba determinando tu próximo destino.

El entrevistador tiene tantas ganas de encontrar la persona adecuada como tú de conseguir el puesto. Las mismas. Los dos buscáis un acuerdo entre tus intereses y tus posibilidades de ayudar a resolver los problemas que ahí en esa empresa. Estáis negociando y chequeando que los dos estáis en la misma línea. Y si no es así, los dos estáis haciendo mal vuestro trabajo en ese encuentro.

  1. A ti tampoco se te da bien vender ¿verdad?

Me lo temía. Lo dice el 95% de las personas que preparan una entrevista. Otras tergiversan aún más el concepto y manifiestan… “yo no me vendo bien” ¡Afortunadamente! De forma muy resumida te diré que tienes que ocuparte de conocer las características y prestaciones de tu producto. Y tu producto no es otro que el conjunto de cosas que tú sabes solucionar para esa empresa y especialmente, la manera en qué tú lo haces y el valor añadido que le aportas (que será el motivo por el que te escojo a ti y no al resto de candidatos igualmente válidos) Así que no, no tienes que venderte a ti, pero si tienes que comunicar las ventajas de tu producto. Y esto (si has trabajado previamente para conocerlas) lo puede y debe hacer TODO el mundo. Estamos de enhorabuena…

  1. Haz que te conozcan antes de la entrevista.

Cuando gestionas bien tu marca personal utilizando todos los canales a tu alcance (entre ellos las redes sociales) tu público objetivo tiene mucha información sobre ti y mucho antes de que te hayan visto en persona. Y esto es maravilloso, porque ya te has ido encargando poco a poco de dejar en su memoria los titulares por los que quieres que te asocien en lo que a lo profesional se refiere. Y no imaginas cuanto te beneficia esto en todas las interacciones en las que tengas que “vender tu producto”. La ventaja competitiva con respecto al resto de candidatos es brutal. Me pasaría horas hablándote sobre la importancia de que trabajes tu marca personal. Lo voy a dejar aquí: hazlo ya. No esperes más.

  1. Buena presencia no es ser guapo ni guapa.

No está bien (por decirlo finamente) que nadie nos juzgue por criterios genéticos. Pero la actitud de cuidar en la medida de tus posibilidades tu embalaje sí está de tu mano y el hecho de tratarla con mimo te hará bien (para la entrevista y para tu vida en general).

  1. Empatía para que te quiero.

Es el momento ideal para sacar a relucir todo lo que sepas de ponerte en el lugar del que tienes en frente. No lo olvides, es tu cliente en este momento. Te está entrevistando para conocer qué aspectos de los que tú tienes encajan bien en lo que él necesita. No quiere conocer tu vida y obra en prosa y verso. Te lo prometo. Aprende a condensar la información más importante sobre ti en “titulares” y desarrolla cuando él te los pida.

Tu entrevistador ve mucha gente muy parecida a ti en un período muy corto de tiempo. Hazle sentir bien, cómodo. Ya sé que estás pensando que estás nervioso, pero vuelve al punto 2. Estás negociando, os estáis conociendo, sólo le estás contando como el hecho de que tú entres va a hacer que las cosas en esa empresa sean más fáciles.

  1. Deja de hablar de tí.

Me explico: es tú entrevista, pero conectarás muchísimo más con tu entrevistador cuando le hables directamente a él y a sus necesidades y a los claros que beneficios que eso que tú sabes hacer le aportarán.

Aprovecha para contar de ti, pero siempre orientado a lo que tu entrevistador necesita oír y además, adaptado a su proyecto.

  1. Contar historias: preparar una entrevista implica saber contar ejemplos reales de tu trabajo.

Y si siguen este esquema y eres capaz de contarlo así, habrás ganado muchos puntos:

  • Describe la situación (de la forma más simple que puedas y las personas que estabais implicada en ella)
  • Habla de la tarea en la que tuviste que poner en marcha una serie de habilidades y no olvides remarcar que lo solucionaste con éxito.

Cuantos más ejemplos de estos tengas escritos (no me vale con que los pienses) más fluida te resultará tu comunicación cuando en la entrevista por competencias te hagan preguntas sobre acontecimientos profesionales de tu pasado que les hagan “predecir” de alguna manera como te vas a comportar ante los retos futuros que está empresa tiene preparados para ti.

  1. Cubre todos los miedos del entrevistador.

Para ello es necesario que uses un lenguaje contundente. Elimina de tu lenguaje los “creo que sí…”, “suelo ser…”, “en principio si…” Sé que lo haces por no aparentar ser prepotente y que nos han educado así para ello. Pero ha llegado el momento de darle la vuelta a esto.

Te imaginas que el entrevistador te diga a ti “Solemos pagar el día 1 de cada mes” El corazón se te sale de la boca en ese momento ¿verdad? ¿Cómo que solemos? ¿Es qué algún mes no? La misma cara torcida se me queda a mi cuando me dices que “sueles llegar temprano” (ya sé que si esa mañana cae un meteorito llegarás tarde, pero créeme que no hace falta ser tan explícito)

Vete a la entrevista a disipar todas las dudas, porque muchas pequeñas dudas hacen una duda muy grande en la imagen global que has conseguido generar. Y eso te acerca peligrosamente al “lo lamento, pero hemos tenido otro candidato que se adecua mejor al perfil”.

  1. Sonríe. No como una hiena. Pero sonríe.

Es importante que generes un buen clima, que sea agradable estar contigo. Piensa que vas a pasar muchas horas conviviendo con otras personas (cada uno de su padre y de su madre) y en momentos de cierta tensión. La sonrisa abre (casi) todas las puertas.

  1. El miedo está en ti.

Controla al tirano que todos llevamos dentro. No trates de eliminar los pensamientos negativos y el lenguaje derrotista que te estás lanzando en ese momento. Será un peor. Tan sólo identifícalo y ten preparado un contraargumento más realista y, por tanto, positivo (recuerda que tienes mil cosas que ya gustan a tu entrevistador, si no no te hubieran llamado) y asegúrate de que te lo estás diciendo. Si vas en el coche tú sólo y ves que nadie va a dudar de tu integridad mental… ¡adelante! dítelo en voz bien alta.

  1. Money, money.

Ir a vender tu producto, sin saber cuánto vale te garantiza un señor fracaso. Tienes que tener muy claro cuál es el mínimo por el que tú puedes trabajar (en función de tu nivel actual de vida y tu situación), cuál es tu deseable y qué ofreces para conseguir tu franja salarial óptima. Un buen autoanálisis y una ligera investigación de mercado de ayudarán. Si tienes un amigo de un amigo que sea headhunter (por ejemplo) pídele que te eche una mano.

  1. El secreto está en… las ganas.

En las ganas, en la pasión que le eches, en la solidez de tus motivos para comprometerte con el proyecto, en el brillo de tus ojos cuando hablas de lo que sabes hacer, de lo que has hecho y de lo que harás. En las ganas de conocer a las personas con las que compartirás aventuras a partir del momento en el que tengas el sí.

 

Y recuerda, buscas el sí. Pero por encima de todo buscas el acuerdo, el encaje entre las dos partes. Y el entrevistador ha de hacer exactamente lo mismo. Buscad el beneficio para los dos. Para tí y para la empresa. Si uno de los dos no lo tiene claro, ambos salís ganando. Recuerda esto siempre. Y ahora vete a por tu mitad del sí.