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Septiembre: inglés, leer más, gimnasio… ¡menos mal que no fumo!

Para este septiembre tengo objetivos “molones” y objetivos “cansinos”. A finales de agosto, aprovechando algún día de lluvia de los de mi tierra, cojo mi libreta mágica y comienzo a hacer la lista.

Y anteayer, cuando acabé, publiqué esto en mi Facebook (te invito a compartir conmigo también por esta vía, sobra la invitación a esta alturas ¿verdad?)

post fb

Mi verano ha sido complicado. Y, justamente, esta complicación ha hecho que este septiembre, haya mirado a mis objetivos con otra cara. No me dan miedo, algunos de ellos hasta me dan la risa.

Para los “molones” estoy preparada. Son desafíos, cambios pequeños, cambios drásticos, son unos necesarios “hasta aquí hemos llegado” y son unos “voy a…” Tengo preparados los recursos, la estrategia y sobre todo, mis ganas, que están que echan humo en la parrilla de salida. Ya tengo pensado hasta las celebraciones que haré al conseguir cada pequeño hito dentro de mi objetivo (no te digo más). Estos los tengo controlados.

Luego están los “cansinos”. Los objetivos a los que si pudiera poner cara, ésta sería muy insolente, son casi casi burlones. Los que veo cada año. Esos que me gritan “esto no lo crees ni tú, guapita”. Esos. Que torpe. Hasta este año no me ha dado cuenta de lo mucho que me afectaban y del poco valor que en realidad tienen. ¿Para qué les dejo tanto espacio durante tanto tiempo? ¿Qué me aportan? ¿Consigo mejorar con ellos? ¿No? Pues fuera. Así de simple.

Comparto contigo algunos ejemplos (los menos sangrantes, que una aún tiene un poco de pudor 😉 ). Y es que este año no querré dedicar más horas (que no tengo) ni más esfuerzo (que no me sobra) a mi nunca-suficiente-para-mi-criterio nivel de inglés. Me centraré en disfrutar de cada palabra nueva que incorporo, de cada expresión que reconozco en una canción o en una de las series esas simplotas que tanto me gustan (y que, a veces, veo en versión original) o de cada vez que logre hacerme entender en este idioma. Y estos serán mis nuevos objetivos.

No me marcaré tampoco ir tres veces a la semana a un gimnasio por real decreto a conseguir lo mismo que podré obtener haciendo deporte al aire libre y yendo justo en el mismo momento en que me apetezca sacar a pasear a mis endorfinas.

Disfrutaré lenta y conscientemente de cada uno de los pedacitos de chocolate que decida comerme. Este objetivo me ha quedado para enmarcar ¿no me digas que no? Y así no me excederé…

Y este sí. De este no me quiero escapar. Leeré y leeré sin medida.  No hay más. No conozco mejor válvula de escape, ni mejor fuente de crecimiento y desarrollo personal (del profesional ni hablamos).

gym

Te invito a que cojas por banda tus propios «objetivos cansinos». Esos que aparecen año tras año. Los de “no te lo crees ni tú”. Y te animo que les des una vuelta. Replantéatelos. Revisalos. Escríbelos. Y analízalos ahora teniendo en cuenta esto:

  1. Cuando el reto sea muy grande, divide en pedacitos o tu nivel de frustración y tu cansancio vencerán a nuestra querida constancia.
  2. Deja de asumir como tuyos objetivos que son de otros. Estos otros son variados y dispares: familia, amigos, TV, sociedad, etc. Tenemos miles de objetivos impuestos. No los vamos a cumplir. Ni de broma. Destiérralos y sácalos de tu mochila. No imaginas lo ligero que vas a ir ahora.
  1. Rebaja el nivel de ansiedad de tus objetivos. Disfrutar como si fuera la última onza de chocolate de mi vida, me ayudaré a conseguir comer menos cantidad y a percibir más calidad. ¡Soy una fenómeno justificando este, lo sé!
  2. Si de verdad es importante, ¡¡quítalo ahora mismo de la lista de los cansinos!!! No te quejes más y pasa a la acción. Pásalo a la lista de los objetivos que te despeinan, a los que de verdad te llenan de fuerza. No pospongas. O a la acción o a la papelera. En tu cabeza pesando no, que bastante tienes ya. No te merece más pesos innecesarios.

¿¡No me digas que no estabas deseando que llegara septiembre!?