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“Tenemos chica nueva en la oficina…” Primer día en tu trabajo

Ese primer día “Tenemos chica nueva en la oficina…”

Y si no sabes cuál es la frase que va a continuación, hay dos derivadas lógicas:

  1. Estás en edad de tener muchas primeros días en la oficina.
  2. No has vivido en España entre los 80 y los 90.

Si no puedes dejar de cantar la canción empiezas a tener más años de los que tu madurez mental te permiten asumir, jajajaja y seguro que ya han pasado más años de esas primeras veces y puedes aportar un montón con tu experiencia.

Si además de lo anterior, eres emprendedor ya sabes que tu día a día es un eterno “primer día” así que seguro que nos conviene refrescar.

En todo caso, la gracieta de la canción (que te invito a darle al play al final del post) me sirve para introducir un tema que da igual los años que pasen y la experiencia que tengas: el primer día de trabajo es un día complejo.

Hace un par de meses, Pacho G. Castilla contactó conmigo para que colaborará en un artículo que estaba preparando para Cosmopolitan sobre ese temido “primer día” en la oficina. Le pase algunas reflexiones al respecto y aquí puedes leer el artículo completo. (Parece que lo digo con mucha normalidad que he salido en el Cosmopolitan por segunda vez jajajajaja pero lo flipo, el primer ejemplar en el que salí aún lo tengo en la mesa del salón para ver si hay suerte y lo ojean las visitas :p)

Primer día Cosmopolitan

Quiero compartir contigo algunas ideas clave sobre ese primer día, para que vayas como Faral@ (si has nacido más allá del 2000 y no aguantas más puedes ir al final de post a ver quién es la tal Farala, pero vuelve pronto que te interesa mucho)

Sonríe.

Ya, ya sé lo de los nervios, lo de la tensión. Que quieres causar una buena impresión, etc. Sonríe. Como antídoto, como medicina, como prevención. Tú sonríe. Sonríe a todas las personas que te encuentres desde que apareces por la puerta. Y un poco antes, por si acaso.

Te van a mirar, vas a pasar muchas horas con ellos, les das mucha curiosidad. Van a hacerse una primera impresión basada en tus primeros comportamientos. Naturalidad y sonrisa, son tus únicas armas. Úsalas. No vas a gustar a todo el mundo, hagas lo que hagas. Así que, apuesta por ti.

Humildad.

Ni sabes todo ni tienes porqué saberlo. Así que pregunta. No te quedes con la duda. O apunta, para más tarde o para hacer todas juntas. Pero tener mil dudas es lo normal.

Observa.

Cada detalle, cada gesto, cada movimiento. Presta más atención al lenguaje no verbal que a lo que te digan. Casi todo serán trivilidades que te harán seguir de una forma fácil la conversación. Pero los tonos, las miradas te permiten conocer rápido las relaciones y la “vidilla” de la oficina. observa qué hacen, cómo lo hacen, qué dicen, cómo se comportan cuando fuiste con la persona encargada de presentarte y qué cambios se producen cuándo os quedáis a solas. Cuánto antes tengas información antes podrás empezar a dar respuestas adaptativas.

Ponte al servicio.

Relacionada con la humildad, sea cual sea tu posición en la organización que acabas de pisar por primera vez, la predisposición que más van a valorar de ti es la de ponerte al servicio. ¿En qué te puedo ayudar? ¿Cómo soléis hacerlo? ¿A qué hora soléis ir vosotros al café? ¿Cómo te resulta más cómodo que hagamos esto? Como no tienes porqué saberlo y muchas veces nadie te lo va a decir de forma explícita, es muy de agradecer que desde las primeras interacciones tus compañeros observen que su vida va a ser un poco más fácil y que, desde luego, tu presencia allí va a resultar cómoda. Ponerte al servicio es la mejor de las actitudes para que el resto de personas empiecen a adivinar tu valor.

Amable pero no pelota.

La diferencia es que en la primera no sientes lo que dices. Y se nota. Mucho además. Olvídalo.

Un tono amable y, obviamente, educado hará sentir cómodos a quiénes están contigo. Sigue la conversación, haz preguntas relacionadas con el día a día de la oficina, con aspectos triviales que surjan en la conversación y ya sabes… el silencio, en muchas ocasiones, puede ser el mejor de tus aliados si aún no has entendido bien las “reglas informales del juego”

No quieras demostrar todo el primer día.

Quita esa presión de encima. Ya te han validado. No tienes nada que desmostrar. En tu organización tienen un problema y una necesidad. Y han apostado porque tú seas la persona que se los resuelva. Y esto no se hace un día, es una carrera de fondo. Ya habrá tiempo. El primer día vas a enterarte de la fiesta y a averiguar si ellos también están en disposición de solucionarte tu problema (que no se nos olvide que esto es cosa de dos) y poco más.

Será muy probable que te pongan en una mesa con unos manuales infumables y que te pongan a bichear con el programa informático y con una presentación corporativa igual de infumable. Aprovecha para observar ahora que ya te miran menos. No te vas a enterar de nada igual, así que echa un ojo para saber dónde está todo e ir haciéndote una idea general. Pero todos sabemos que estás como una moto y que ese día todo te parece una nave espacial, así que te será más útil ver, oír e integrar en la idea que ya te vas haciendo de tu organización.

El primer día, todo se lía.

Y esto es y será siempre igual. Las últimas investigaciones sobre teoría de cuerdas te resultarán más sencillas que esas malditas fotocopiadoras que jamás, pero jamás, sabré cómo funciona una. La máquina de café tragará tu dinero, o se te caerá un poco al sacarlo. Pero tu adrenalina ese día es tan alta que la sonrisa del primer punto permanecerá intacta mientras tu mano se calcina lentamente. No es para tanto, pero me entiendes. Es comprensible, esperable, lógico y normal que la líes el primer día con algo.

Te reirás cuando pasen unos años y te pensarás si contar o no públicamente la tuya cuando hayan pasando 16 años después de tu primer día y 36 años después de este anuncio que tienes que ver antes de dejarme un comentario con tu experiencia 😉


Hago un webinar en ESIC que te impulsará en tu camino a conseguir muchos primeros días, te invito a que te conectes. Me encantará verte allí