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No me da la vida

No me da la vida

Si no te da la vida, siento decirte con todo el dolor de mi corazón, que te la estás quitando.

Yo me lo escucho decir con cierta frecuencia. Entro en bucle, tomo consciencia. Paro. Analizo. Por aquí no. Y gestiono y gestiono. Y regulo. Hasta que vuelvo a tomar yo el mando.

Si no te da la vida, no estás creando. Estás sobreviviendo.

Si no te da la vida, no estás siendo más productivo que nadie. Al contrario, estás produciendo poco y de poco valor para los demás y te estás destruyendo mucho a ti.

Si no te da la vida, es que tu atención está en lo que te falta y en la angustia que te produce no llegar y no en las posibilidades y en tu capacidad infinita de solucionar.

Si no te da la vida, no estás pensando. Solo haces. Y la acción sin reflexión, lleva a la desesperación. Porque da igual el tiempo que inviertas. Tus tareas pendientes no se acabarán nunca.

Y todo tiene su explicación

Hay dos cosas que puedes mejorar en ti para empezar a sentir que lo que haces te da la vida:

  • aprender a decir que no
  • aprender a decir hasta aquí.

No a todo lo que no es tuyo. Está bien ir con todo, está bien tu generosidad, forma parte de ti y es genial que lo mantengas. Pero te vas a encontrar personas que querrán vaciarte de tu energía y de tu valor para que ellos recuperen la fuerza y la autoestima que les falta y que no saben de dónde sacar. Aquí, pon tu límite. Justo aquí. Demos todo a quién no nos lo quita. Si por darle a otro te estás quitando todo tú, no vamos a bien. Si esto lo hacemos de forma indefinida, se nos agota el vaso de la autoestima. Y, claro, así no solo es que no te de la vida, es que te quedas, literalmente sin vida. No os podéis imaginas cuántas personas acuden a mi en este estado. Resulta que buscan mejoras en su desarrollo profesional y descubrimos que hasta que no tengamos a su persona de nuevo con ellos, no podemos desarrollar nada. Y mucho menos, su rol profesional.

Hasta aquí. Hasta aquí llego. Y si queremos continuar, tenemos que parar, coger aire, pensar y repartir. Estamos creando unas organizaciones estresadas a niveles extremos porque pensamos poco y mal. Porque queremos todo para ya. Y porque el precio de ir apagando minifuegos es tan alto que nos estamos quemando. No tenemos claro ni el qué ni el para qué de lo que estamos haciendo. No sabemos qué funciones contribuyen con más éxito a lograr nuestros objetivos. Y vamos tirando como podemos haciendo todas las funciones que vemos que van cayendo como patatas calientes que nos queman en las manos si no hacemos algo con ellas de forma urgente.

Y entonces, como no llegamos, contratamos a más personas. Pero no las formamos. Ni hablamos con ellos, ni hacemos un seguimiento de cómo van, ni les dedicamos tiempo a explicar qué y cómo queremos que trabajen. Porque ni nosotros mismos lo sabemos. Y les damos las migajas. Lo que podemos explicar de forma rápida. Porque no nos da la vida para explicarles nada más. Y los metemos a ellos en otro círculo de urgencia. Y de mediocridad. Y no cumplen objetivos. Porque ni nosotros mismos sabíamos que les pedíamos. Y luego, llega el super mega chachi consultor barra consultora de turno y nos dice que el problema es que no sabemos delegar. Y otra vez equivocamos conceptos y creemos que los síntomas de organizaciones dañadas son problemas en los comportamientos individuales sobre los que debemos intervenir. Y venga perder el tiempo (del pastizal ni hablamos), y más bajada de autoestima de nuestros profesionales. Y, claro, no nos da la vida. Ni a ellos ni a nosotros.

Me apetece mucho hablar largo y tendido contigo de asertividad (eso de decir que no finamente y con gusto) y de delegación porque es increíble la cantidad de energía y brillo que recuperan mis clientes cuando trabajamos esto. Recuérdamelo si se me olvida, que sé que te va a hacer bien.

Si no te da la vida, te la estás quitando. Es un síntoma de una serie de cosas que podrías estar haciendo mejor. Y a esto, tenemos que ponerle remedio.

Que lo que hagas te de la vida

  • Analiza que te está quitando la vida.
  • Identifica en qué contexto.
  • Piensa en qué habilidades te faltan para manejar esa situación. Analiza qué conceptos dependen de ti y cuáles no (ten cuidado, que si te da pereza o miedo vas a tender a decir rápidamente que no se puede modificar y casi nunca es así)
  • Compensa. Llénate de belleza. De energía. De luz. Para cargarte de fuerzas hasta que encuentres la forma de llenarte de vida.

Vamos al límite de energía. Tenemos motivos objetivos y justificados para que esto sea así. Y aún nos queda mucho camino por sufrir y por pelear. Trabajemos para que lo que hagamos nos de la vida. No para que nada ni nadie nos la quite sin venir a cuento.

Me encanta leerte en los comentarios y analizar juntos alguna de estas ideas y todas las que tu puedas aportar desde tu experiencia. Vamos, qué juntos es más fácil.