Te pueden despedir de un día para otro. Nadie te prepara para esto. Nadie te avisa de cómo uno se siente cuando te despiden de un día para otro. De repente, todo lo que dabas por hecho desaparece. El correo electrónico que consultabas cada mañana, la agenda llena de reuniones, tu silla en la oficina, tu sitio en el mundo laboral. Todo. Y ahí te quedas tú. Con la sensación de que te han arrancado algo sin pedir permiso, sin explicaciones que calmen tu mente ni abracen tu miedo.
Y es en ese momento donde empieza este post. Para que no te sientas solo, para que te acompañe como me gusta hacerlo, desde la verdad, desde lo humano, desde esa Elena que ha visto y ha acompañado a muchas personas que han pasado por este trago amargo.
Porque sé que detrás de la pregunta «¿me pueden despedir de un día para otro?», hay alguien que necesita saber, pero también ser escuchado, comprendido y acompañado.
Sí, te pueden despedir de un día para otro (y duele)
Sí, te pueden despedir de un día para otro. Y sí, duele. Duele mucho. Porque, aunque sepamos que el trabajo es trabajo y que las empresas toman decisiones, cuando esas decisiones nos tocan de lleno, sentimos que todo se tambalea.
No importa si legalmente es un despido disciplinario, si estás en período de prueba, si la empresa te indemniza o no… lo que te atraviesa en ese momento es la incertidumbre, el desconcierto, el miedo, la rabia, la tristeza… Todo a la vez. Y es legítimo sentirlo.
No estás exagerando. No te estás ahogando en un vaso de agua. Estás viviendo un cambio abrupto que nadie te ha preparado para transitar.
Y cuando eso pasa…
¿Qué pasa si me despiden de un día para otro?
Pasa que todo se detiene. Que te preguntas mil veces «¿por qué?», «¿por qué a mí?», «¿por qué ahora?».
Pasa que te quedas mirando el techo, sin saber por dónde empezar.
Pasa que te enfrentas a una realidad que nadie te había contado en voz alta: que te pueden despedir sin avisar y que no siempre tendrás el control.
Pasa que te quedas con un papel en la mano y una mezcla de emociones que no sabes ni cómo nombrar.
Pasa que te cuestionas tu valía, tu recorrido, tus decisiones… Y pasa también, aunque ahora no lo veas, que tendrás que encontrar la manera de recolocarte en el mundo. Y ahí empieza el siguiente paso.
¿Qué puedes hacer cuando el trabajo se acaba sin avisar?
Cuando te quedas sin trabajo de un día para otro, lo primero que te apetece hacer es gritar, encerrarte en casa y preguntarte: «¿Y ahora qué hago?». Lo sé. He acompañado a muchas personas que se han visto en esta situación. Y, si te soy sincera, no hay un único camino correcto, pero sí hay pequeñas acciones que puedes empezar a dar, aunque ahora te cuesten el doble.
Respira profundo y permite que salga lo que siente tu cuerpo
Parece obvio, pero no lo es. Haz respiraciones profundas y conscientes varias veces al día. Pon una mano en tu pecho y otra en tu abdomen y siente cómo se mueven. Date el permiso de llorar, enfadarte, sentir miedo… todo cabe.

Busca apoyo que te sostenga sin juicio
No te encierres. Llama a esa persona que sabes que no te va a decir «tranquilo, ya saldrá algo», sino que te escuchará de verdad. Alguien que te permita desahogarte, hablar de tus miedos, tus dudas y tu enfado sin intentar minimizarlo.
Infórmate de tus derechos, pero desde la calma
Sí, es importante. Antes de tomar decisiones precipitadas, habla con un profesional que pueda explicarte tus derechos laborales.
Haz una lista de dudas y busca respuestas. Un profesional puede ayudarte a ver con más claridad el terreno que estás pisando.
Permítete un tiempo para procesar
No hace falta que mañana mismo tengas todas las respuestas. Antes de lanzarte a buscar trabajo como si fuera una huida hacia adelante, date unos días para procesar lo que ha pasado.
Sal a caminar, escribe en un cuaderno cómo te sientes, haz cosas que te nutran y te conecten contigo mismo.
Y mientras haces todo esto, quiero recordarte algo importante…
Más allá de la ley: cómo cuidarte cuando el despido te sacude
Más allá de lo legal, de las cartas de despido, de los finiquitos, estás tú. Tu autoestima, tus emociones, tu historia profesional y personal. Cuando el despido llega sin avisar, es fácil caer en el agujero negro de la culpa, de la vergüenza, de cuestionarte todo lo que eres y has hecho.
Aquí quiero que te pares. Que te cuides. Que te trates como tratarías a alguien que quieres mucho y que está pasando por un momento difícil.
Haz pausas. Duerme. Camina. Escribe todo lo que sientes.
No te exijas estar bien en 48 horas.
No te exijas entender todo hoy.
No te exijas nada más que cuidarte.
Porque solo desde ese autocuidado vas a poder empezar a mirar hacia adelante…
Recuperarte, reinventarte y volver a confiar (aunque ahora no te lo creas)
Sé que ahora te parece imposible pensar en futuro. Que quizá ni te reconoces diciendo estas palabras que lees. Pero déjame decirte algo que he visto muchas veces: el despido que hoy te parece el final puede convertirse en el inicio de algo diferente. No lo digo desde el optimismo vacío, lo digo desde la experiencia vivida y acompañada.
Cuando te recuperas de un golpe así, no solo te reinventas profesionalmente, te reinventas por dentro. Porque te despiden de un día para otro, pero tú puedes elegir que no te rompa del todo. Que sea una grieta por donde entre algo nuevo, algo tuyo, algo diferente.
Descubres recursos que no sabías que tenías. Te permites replantearte cosas que antes no te atrevías. Y, poco a poco, vuelves a confiar en ti, en tus capacidades, en que la vida (también laboral) puede ofrecerte nuevas oportunidades.
Y si ahora sientes que no puedes sola, aquí estoy. Para acompañarte. Para mirar contigo tu trayectoria, tus miedos, tus sueños y para ayudarte a volver a ponerte en pie con la fuerza que, aunque hoy no la veas, sigue estando dentro de ti.
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Artículo escrito por:

Elena Arnaiz: Psicóloga experta en Talento y RRHH
Espero que este artículo te haya sido de interés y ayuda. Y si estás pasando un proceso de este tipo, no te olvides:
«Te pueden despedir de un día para otro, sí. Pero lo que nadie podrá quitarte nunca es tu capacidad de volver a confiar en ti, de reconstruirte y de decidir quién quieres ser ahora.»
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Uff, Elena qué post más necesario. Trabajo acompañando a personas en procesos de recolocación y muchas veces nos centramos solo en el «vamos a por la siguiente oportunidad» y nos olvidamos de lo que has dicho: parar, respirar, abrazar el dolor. Gracias por tus palabras y por recordarnos que también hay que cuidarse en el camino y que no tenemos que tener todas las respuestas ya.
Qué importante esto que comentas Luisa y qué pocas veces lo tenemos en cuenta. Gracias por compartir esta reflexión conmigo!!