A tí, profesional que buscas empleo

La relación que establezcas con la persona que te está entrevistando para ese empleo que estás buscando tiene que estar basada en este paradigma que te planteo en este post:

Tú tienes el talento, yo tengo el trabajo. A los dos nos interesa llevarnos bien.

¿Qué implicaciones tiene esto?

  1. Eres un profesional.

No eres un desempleado que está en su casa y ay ¡pobrecito! vas a ver si de esta te sale el empleo que tanto necesitas.

No y no. Esa actitud no es triunfadora. Necesitas ser un profesional con todas las letras que va a esa entrevista a explicar el motivo por el que vas a resolverle los problemas  específicos que esa empresa tiene y que tú sabes solucionar muy bien. Si te has perdido este post en el que explico en profundidad este concepto, ha llegado tu momento de leerlo. Pincha aquí

  1. Tu propuesta de valor ha de estar bien definida.

Y definir bien tu propuesta de valor implica saber transmitir bien lo estupendos que somos resolviendo los problemas de la empresa en la que quieres trabajar. Tienes que entregarle y  contarle de forma atractiva a través de tu comunicación verbal y no verbal lo que esa persona está deseando escuchar (que sus problemas contigo se van a minimizar mucho). Y tienes que hacerlo en el momento  adecuado y por el precio razonable.

No me vayas jamás a una entrevista sin tener claro cual es el salario mínimo por el que tu vas a entregar tu valor durante 8 horas al día (incluye desplazamientos y comida), el aceptable y el ideal. Si esto no está muy claro en tu cabeza, negociarás  muy mal  (fatal) las condiciones económicas, aceptarás  o descartarás de forma precipitada y todo eso te perjudica.

Por último, tu propuesta de valor está perfectamente definida cuando, además, eres capaz de exponer aquello que a ti te hace diferente del resto de candidatos  ¿lo tienes?

(Reconozco que definir esta propuesta de valor es extremadamente complicado, estaré encantada de ayudarte a hacerlo en mis programas de desarrollo personalizados, ten claro que es la base de tu éxito)

  1. No puedes esperar a que el de en frente te descubra de forma mágica.

La magia vamos a dejarla para el circo. No debes confiar en el brutal talento de tu entrevistador para hacerse una idea acertada, certera y en una hora de ti. Seamos realistas, él sólo va a poder ver lo que tu le muestres. Se va a quedar con tus palabras, con tus frases destacadas pero, sobre todo, se va a quedar con tu seguridad, con la confianza que transmites, con tu transparencia y honestidad, con tu buen humor y con la forma en la que hablas y te comunicas

Tu y sólo tú tienes la responsabilidad de sacar a la luz todos los puntos fuertes, los motivos y razones por los resolverás los problemas de tu empresa de la forma más eficaz. Tú y sólo tú  tienes que ocuparte de salir en la foto lo más guapo que puedas.

  1. No vas a un examen.

En la preparación de tu entrevista para conseguir un empleo, ten siempre en cuenta que a los dos protagonistas os interesa algo del otro. A ti el trabajo y a él tu talento. Así que él te va a evaluar a ti en una serie de competencias que son fundamentales para desempeñar un puesto y tú lo vas a evaluar a él, a su empresa y al puesto que te va a ofrecer para ver si encajan lo que tu realmente necesitas. Y para comprobar si merece la pena confiar tu tiempo, tu conocimiento y tu valía a ese proyecto.

  1. Win-win en estado puro.

Tu vas a ganar un trabajo y una buena oportunidad y la empresa va a ganar un excelente  y adecuado trabajador.

No hay posibilidad de perder. Si no eres lo que la empresa está buscando, otra oportunidad encontrarás en la que tu propuesta de valor encaje con su necesidad.

Si no es la empresa que buscas, la empresa se habrá ahorrado muchos recursos y no imaginas lo que te vas a ahorrar tú. Algún día escribiré sobre la importancia de saber decir que no.

  1. Fuera nervios e inseguridades.

Has llegado hasta a ese punto. Eso indica que has superado el mínimo de requisitos que el puesto necesita. ¡Demonios! (que raro se me hace utilizar esta expresión…) ¡Creételo! Vete y hazle saber que todas sus sospechas sobre ti eran acertadas! He visto en millones de ocasiones a candidatos cavándose cada vez más su propia tumba. Fruto de la dichosa inseguridad, de no dedicar un tiempo (y una inversión) a la evaluación de mis capacidades  como profesional, de dejarse vencer por una ansiedad que te anula.

Acaba con todo esto de una vez por todas. Este planteamiento que te propongo deja a todos estos pensamientos negativos fuera de lugar. No tienen cabida en una relación de igual a igual en la que los dos vais a exponer vuestros intereses y necesidades. ¡A por todas!

  1. Haz tu trabajo.

Los dos tenéis que hacer parte y parte. Sobre el trabajo del entrevistador no puedes hacer nada, pero sobre la parte en la que tu tienes responsabilidad si. Y tu tienes que saber qué partes de tu vida profesional le interesan más, tienes que exponerlas de forma atractiva y de forma que las recuerde y quiera saber más. Y no, esto no se improvisa, esto se prepara y se trabaja antes.

  1. No te tomes el NO como algo personal.

El NO en las fases finales del proceso se lo lleva tu candidatura, tu propuesta de valor o las necesidades que en ese momento tenga la empresa. Sé que cuesta dominar a nuestro ego. Sé que cuesta no venirse abajo y no tirar la toalla. Pero cada minuto que pierdes lamentándote con lo que pudo ser y no fue, es un minuto en el que estás perdiendo una nueva oportunidad. No malgastes tu fuerza. A otra cosa, mariposa. Cierra página y a comerte (otra vez) el mundo. No olvides que cada vez estás más cerca.

 

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