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¿Por qué este año tus vacaciones son más merecidas que nunca?

El sabor de la cerveza cuando tienes mucha sed, el olor a aftersun, las gotas de agua cayendo por tu espalda cuando acabas de desplomarte sobre tu toalla después de un siempre emocionante baño en el Cantábrico, sentir el aire acariciarte mientras tomas el sol y notar como cada vez vas oyendo a la gente y al niño ese que grita sin parar más y más lejos…. Y esa sensación de bienestar que te envuelve durante un buen rato.

Y también ese momento en el que recuerdas todo lo que has luchado en lo que llevamos de año. ¡Menudo año! Has sentido el vértigo por momentos, has deshecho muchos nudos en tu garganta, has luchado a horas intempestivas de la madrugada por no desmoronarte. Te has sentido frágil, pequeño, incapaz. A las 4.20 a.m de muchas noches de invierno, lo hubieras mandado absolutamente todo ahí (a dónde los dos estamos pensando)

Madre mía, cuánto mereces ese descanso y cuanto mereces sentir como tu cuerpo acompaña a tu mente a un delicioso viaje, ese momento en el que no piensas, en el que eres capaz de relativizar todo y de tomar distancia, en el que nada tiende peligrosamente al drama. Ese momento, en el que te oyes respirar. Tranquila, relajado.

Llevas meses apagando miedos, silenciando (o bajando el volumen al menos) de tus “no lo voy a conseguir”, de sus “¿para qué tanto esfuerzo, si total… mira cómo está todo…”

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Si este año has hecho bien tus deberes, si este año te has enfrentado a tus límites y has ampliado fronteras, tienes que estar agotado.

Has lidiado con fantasmas del pasado, te has ido quitando etiquetas que te habían colgado por error (o mala leche, quien sabe) pero tú te has logrado quitar alguna. Y mira que hay que darle para que se vayan del todo.

Contradecir también cansa. Ser la nota discordante (aunque sea en positivo) también agota. Te han dicho que no ibas a poder, te han insinuado que se te ha ido un poco la cabeza (la pobre), pero tú ahí sigues, erre que erre.

Y te has enfrentado a lo que más cansa. A ir recogiendo pedacitos de nuestra pobre autoestima de todas las veces que te han dicho que no. Recomponerla y hacer que salga fortalecida en cada embestida no es tarea de principiante. Es una competencia muy “senior”. Y tú este año has sacado matrícula.

Si no has pasado por ello, nadie conoce el esfuerzo que implica hacer cambios profundos en nuestra esencia, en nuestros patrones básicos de funcionamiento, en nuestras creencias más arraigadas. Nadie sabe lo felizmente cansado que es hacer y luchar para que se produzca el cambio que quieres ver en ti.

Sé que al leer este post te has sentido identificado. Sé que si estás leyendo esto no eres de las que está viendo pasar el día y la noche y lamentando su suerte. Sé que has dado todo y más y sé que estás agotado.

También sabes que no voy a acabar el post sin sacar a relucir mi particular “Vacaciones Santillana” con su correspondiente tarea (¿aún existe esto?)

Aquí va:

“Enamórate de tu capacidad para promover el cambio en tu vida”

Apasiónate por tu gusto por “la marcha” y porque cada día vaya en aumento. Por volver a sentir “el gusanillo”. Empieza a disfrutar del camino, centra toda tu atención en ser feliz mientras camines.

Haz que tu desarrollo profesional y tu proceso de cambio te vuelvan loco.

Es la clave. Hazme caso, si hasta ahora has ido tirando así (sin pasión, casi por obligación), perfecto y feliz descanso. Muy muy merecido.

Pero aún te queda un paso. Resulta que si aprendes que esa sensación te apasione, en septiembre te los comes.

Tu tarea ahora que ya has empezado con tus cambios, consiste en trabajar para estar cómodo en esa zona en la que todo se tambalea. Y que las zonas dónde tienes cierto “mareillo” se conviertan en tu casa.

Esas zonas te agobiaron muchos estos meses de atrás. Aún así fuiste y lo lograste. No imaginas hasta dónde van a llegar tus cotas de éxito si además de ir, comienza a gustarte el hecho de quedarte por allí rondando.

Cuando comienzas a ir por ganas, cuando ya no es obligación ni es si o si, cuando lo disfrutas, ahí, querido mío, ya no hay vuelta atrás. Tu camino hacia al éxito se dispara.

Te invito a rizar el rizo estas vacaciones. El verano, de toda la vida, ha sido época de mirar la vida con toda su paleta de colores, de sentirla aún más si cabe.

Aprovecha el contexto y dale vacaciones a tus miedos y todos tus fantasmas. Disfruta de la alegría de volver a enamorarte de tus cambios y de tus progresos.

Y, ya que estás, disfruta de la alegría de volver a enamorarte de ti.