¡Tener la autoestima baja no siempre es negativo!

en

Y es que una autoestima adecuada no tiene que ser ni alta ni baja…  la autoestima tiene que ser equilibrada.

Sirva este primer mensaje para todo ese movimiento casi fanático que trata de hacernos volar sin red y todos esos artículos que te hablan de tener tu autoestima alta como la última de las panaceas. Cómo se ve que ellos no van a estar debajo para recoger los pedazos.

Empiezo fuerte en un tema que me apasiona: la autoestima de las personas y el potencial que lograremos alcanzar en función de las atribuciones y malabares que logremos hacer en este complejíisimo tema.

Para ir aclarando conceptos y hablar en el mismo idioma y por aquello de mi afición a que se me entienda voy a tratar de resumir conceptos de Rogers o de Ellis e incluso hasta del mismísimo Fromm porque nos van a hacer falta para la traca final.

Para entender algo de esto de la autoestima tengo que presentaros a su primo hermano: el autoconcepto.

Autoconcepto

Autoconcepto es la imagen que yo me he ido haciendo a lo largo de la vida sobre mi misma. Es, por tanto, la forma en la que nos percibimos. Vamos  haciendo un inventario y soy capaz de reconocer qué tengo, cuáles son mis cualidades, mis atributos y todo el repertorio de bondades (y su ausencia) que poseo.

Autoestima

Autoestima es la valoración que yo hago de todo esto.

Hasta aquí sencillo. Por un lado, veo lo que tengo en la despensa (autoconcepto) y por otro evalúo y valoro cómo de buenos son esos ingredientes (autoestima)

Quizás me he pasado de simpleza. Pero me da igual porque a partir de aquí el asunto se complica y mucho.

¿De qué depende la valoración que yo hago de mis cualidades?

En un mundo ideal diríamos que de nosotros. Pero va a ser que no. Estamos constantemente sacando a relucir nuestros “ingredientes” a los demás.

Y probamos: si históricamente han gustado y siempre que los enseño triunfan y nos han sido útiles… tendemos a valorarlos de forma más positiva.

Y aquello no tiene mucho éxito o nos causa muchos problemas, tendemos a modificarlo en el menú para la siguiente y pasaremos a valorar esos ingredientes de forma más negativa.

Pero…

Pero… ¿Qué pasa si lo que siempre gustó ya no triunfa? ¿Y si de repente ya no puedo correr el riesgo de no enseñar por miedo a que no guste porque mi propio proceso de desarrollo personal (recordad el puesto tan alto que ocupa la autoestima en la, casi casi desconocida para todos, pirámide de Maslow) depende de esto? ¿Y si de los demás hago valoraciones excesivamente positivas y a mi no me quiero lo suficiente para regalarme al menos una caricia al día? ¿Y si doy más importancia a lo que sólo una persona piense de mi que a lo que piensa la mayoría? ¿Y si no soy capaz de asumir que IMPOSIBLE gustar a todo el mundo?

Empiezan los problemas. Y empieza la emoción.

Vemos que, por una parte, la valoración que hacemos de nuestras cualidades (autoestima) es dinámica y cambiante y, además, se ve sumamente mediatizada y condicionada por la opinión y el juicio de valor que los demás hacen de nosotros. Y queda el último eslabón, la particular evaluación y atribución que hacemos a esa valoración que nos hacen. Madre mía, como para no tener este factor en cuenta. Porque para colmo, y no voy a seguir, la particular forma en la que hayamos crecido interpretando y valorando la visión que los demás tenían de nosotros cuando eramos pequeños y las referencias que nuestros padres, herman@s y amiguit@s (ojo a esto que los había con una gracia elevada (en maldad sobre todo) para su edad) hacían sobre nosotros nos viene a visitar al presente de forma casi constante.

Mucha tela para cortar. Vamos a ir matizando.

La autoestima no tiene que ser ni alta ni baja, tiene que ser equilibrada.

Grábate a esta frase a fuego, o inyéctatela en la piel si te va más a ese rollo. Tan nefasto es tener la autoestima alta como tenerla baja. Tan horrible es morir de vanidad (porque ¡cómo yo ninguna!) como de ostracismo (porque ¡oh pobre de mi!)

Vamos con un ejemplo: Tu tienes un determinado nivel de inglés (en España si dices que es medio quiere decir que lo has estudiado hasta COU (2ºBach para ti que eres muy joven), podemos decir que tenemos la autoestima muy alta en ese sentido y así nos va…) y así lo etiquetas en tu autoconcepto. Cuando sales a enseñar tu cualidad a los demás (cuando hablas, vamos), la realidad te dice que no te entienden. Y aquí empieza tu nivel de atribución:

  • Opción 1. Que estirados estos ingleses. No hacen el más mínimo esfuerzo por entenderme. Con lo bien que yo hablo. Voy a subir un poquito más el tono, a ver si así…
  • Opción 2. Aún recuerdo bastante vocabulario y sé construir frases, pero ¡madre mía! Mi pronunciación tiene que mejorar mucho, en cuánto vuelva me apunto a clases de inglés.
  • Opción 3. Todo lo que he aprendido de inglés no me sirve para nada, si no me entienden ni cuando hablo en español. De hecho cuando voy a hablar todo el mundo aprovecha para decir algo en ese mismo momento. Yo no aprenderé inglés nunca, y mejor me mantengo callado, así no meto la pata.

La opción 1 y la 3 no invitan a la mejora, al crecimiento, al mirarse de frente, vernos con cierto grado de objetividad y asumir en qué puedes mejorar. Estas dos opciones te llevan a darte de leches, en la 1 por exceso y en la 3 por defecto. Pero ninguna de las dos es aconsejable.

Mirad la opción 2. Por mucho que nos digan y nos digamos ¡somos los mejores! ¡ole yo y mi pelo! Flaco favor nos hacemos si no somos capaces de identificar nuestro nivel de competencias, hacer una atribución adecuada de la valoración de los demás sobre nuestra competencia y calibrar. O bien restando crédito a lo que nos dicen desde afuera o bien usándolo como un indicador de mejora y poniéndonos la pila para que la valoración que hagamos podamos ser más alta y, en consecuencia, nuestro nivel de desempeño mucho mejor.

La autoestima ni alta ni baja, equilibrada. Ajustada con nuestro nivel de competencias y cualidades y con la autoimagen que hemos ido construyendo de nosotros mismos y que de alguna manera sigue en construcción permanente.

Y ahora bien, la pregunta del millón y a falta de nada para acabar sale el gordo del post ¿Cómo se consigue ese equilibrio?

Una vez más vuelve a estar en la base de cualquier proceso de crecimiento personal: el autoconocimiento.

¿Si no te conoces como vas a meter nada en tu particular despensa? Si no te conoces ¿cómo vas a poner nada en valor? Y si no lo enseñas de forma estratégica a quién tu decidas y usando los canales que decidas ¿cómo vas a utilizar su feedback para crecer y mejorar (y no para destruir)?

¿Verdad que todo esto suena muy mucho a los pasos necesarios para el desarrollo de tu marca personal?

¿A qué vas entendiendo mi obsesión para qué cuando gestiones tu marca personal también tengas una equilibrada autoestima?

¿Verdad que si? Pues te lo cuento en mi siguiente post. En este sólo quería hacerte reflexionar sobre la importancia de este concepto y como sólo y exclusivamente a partir de aquí podemos articular todo un proceso de desarrollo de marca personal.

Porque si esto está desequilibrado cualquiera de tus intentos por iniciar tu proceso de desarrollo de marca personal fallará y cualquier de tus intentos por acompañar a estas personas en su procesos de desarrollo (personal branding) se desmoronará una y otra vez. Y no entenderás el porqué. Y es que es tan sencillo como que no podemos empezar la casa por el tejado.

Y ahora cuéntame ¿cómo vamos en el titánico esfuerzo por mantener tu autoestima en el punto equilibrado de ajuste? ¿estás preparado para empezar tu camino de desarrollo de marca personal? ¿estás preparado para mejorar tu vida? Si, si, tu vida

¡Te espero y te leo!

Plural: 2 Comentarios Añadir valoración

  1. Marigely Espínola Zetina. dice:

    Guau!!!!!!!! Elena eres maravillosa, muchas gracias. Me encantó, sííííí.

    1. Elena Arnaiz dice:

      Muchísimas gracias Marigely! Que gusto verte también por aquí!! Un abrazo y vuelve siempre que quieras 🙂

Deja un comentario