#hoybrilla

Lo que importa no es la idea, lo que importa es el proceso #HoyBrilla @EliaRacamonde

Lo que importa no es la cima (la idea), lo que importa es la subida (el proceso) por Elia Racamonde

Y así es ella. Clara y contundente en sus afirmaciones intelectuales sobre lo que conoce y domina. Porque Elia cuando habla de un tema lo conoce y lo domina desde un punto de vista conceptual que aporta mucho mucho mucho valor en un mundo en el que parece que todo el mundo puede hablar de todo sin un mínimo de rigor cientifico. Es de esas personas que domina como pocas conceptos complejos de psicología como ciencia y que es capaz de bajar a tierra y lleva a la práctica diaria del acompañamiento a profesionales en su iniciativa emprendedora. Pragmática y sencilla, natural y reflexiva. Personas como ella son necesarias en el ámbito del emprendimiento, del desarrollo profesional y del talento. Y en tu vida. Así que síguela bien de cerca

“Lucha como si tuvieras razón… y escucha como si estuvieras equivocado” – Robert I.  Sutton. 

Hace unos meses Pablo Goldenberg del equipo de Pechakucha Gijón me invitó a dar una charla en una de sus ediciones y no lo dudé un momento.  Cuando el corazón dice que sí la energía se consigue aunque sea para hacer en una mañana lo que deberías hacer en una semana… Lo que menos iba a pensar es que Elena fuera a ver el vídeo de mi charla y se le ocurriera proponerme un hueco en este apartado suyo llenito de luz. Así que por supuesto aprovecho este altavoz tan grande que me pone en las manos, porque aunque no vaya a hablar de lo mismo, tengo que decirte una cosa muy importante que sí tiene que ver con el fondo de esa charla:

Cuida tus expectativas.

Si alguna vez has hecho escalada o has visto a alguien hacerla, sabrás que hay diferentes estilos y que la diferencia entre algunos es radical. Mientras unas personas hacen escalada libre (suben sin material de apoyo, sólo usan manos y pies) otras prefieren la escalada clásica (colocan diferentes seguros a medida que avanzan).

Bien. Si eliges la escalada libre, a medida que cojas altura la percepción del riesgo será mayor: cuanto más arriba estés más te va a doler si te caes y si subes demasiado… pues no quieras saber qué pasa si te caes. Si eliges la escalada clásica, cada uno de los amarres te ofrece seguridad. Subes un poco, aseguras, avanzas. Subes otro poco, vuelves a asegurar, avanzas. No hay tanto riesgo, pero te permite escalar con más tranquilidad… y de manera más eficiente.

Hay personas que pasan todo el tiempo que pueden pensando

Imagínate que emprender es algo así: hay personas que pasan todo el tiempo que pueden pensando. Pensando en el logo de la empresa, cómo será el estilo de la web, qué servicios van a dar, el color de la tarjetas y el portátil que necesitan para empezar a emprender. (Es decir: gastan una cantidad brutal de tiempo, energía y recursos en pensar). Va pasando el tiempo y cuando se dan cuenta, han invertido tanto (han escalado tan arriba sin asegurar ninguna parte del ascenso) que echar atrás o arriesgar sin saber dónde está la cima seguramente acabaría convirtiéndose en un fracaso mortal. Así que en esa situación, o tiras palante y te arriesgas a seguir con la energía que te quede… o directamente te tiras.

La escalada clásica es para ti si te atreves con el reto pero en una escala 100%suicidio————–100% previsión te inclinas más a la derecha que a la izquierda. Entiendes que nunca podrás ofrecer una solución a nadie si no has entendido bien el problema que tiene, así que coges la idea como inspiración y la conviertes en una hipótesis. Lo primero que haces es salir a la calle para ver si el problema que quieres solucionar es real, haces preguntas para tratar de comprender a la gente que tiene ese problema, te vuelves dentro a adaptar la solución a lo que has aprendido y luego vuelves a salir para asegurarte de saber si esa gente estaría dispuesta a pagar por lo que les puedes ofrecer.

Las tres preguntas clave

¿Es el problema real?

¿Quién tiene el problema y cómo le afecta?

¿Pagarían por solucionarlo con lo que yo puedo ofrecer?

Tres preguntas tan lógicas que parece que no hace falta ni decirlo ¿a que no?

Pues sí. Hace mucha falta porque casi nunca se hace.

Hasta los escaladores de élite asumen que puede haber errores en la pisada y se hacen con la mejor equipación que dé seguridad a sus decisiones. Así que anota: Escalada clásica = Preguntar, escuchar, adaptar, ofrecer. Escalada libre = pensar mucho en la idea y probar suerte.

Lo que importa no es la cima (la idea), lo que importa es la subida (el proceso).

Ayer mismo leía a alguien en redes sociales algo cabreado por una jornada que organizan mis compañeros dentro de Oviedo Emprende, un sitio muy especial en el que trabajo, para normalizar el fracaso . “Yo prefiero aprender del éxito” decía. Y oye, en parte no le falta razón. Nos han acostumbrado a que veamos la cara feliz del éxito y no a normalizar las caídas del camino. Todavía hay gente que se viene a asesorar y nos pide que les digamos si están o no equivocados, nos pide recetas, nos pide soluciones. De alguna manera se han enamorado de la cima pero no están dispuestos a asumir todo lo que necesitan para empezar la subida (aprendizaje, algo de experiencia si quieren empezar solos y muchas herramientas…).

Ninguna ventaja es competitiva a largo plazo

Creo que éste es un asunto importante. No queremos ver todos los fracasos que hay detrás del éxito, no queremos entender que no hay ninguna ventaja empresarial que sea competitiva a largo plazo en un mundo donde lo único constante es el cambio, porque quizás es la opción más cómoda. Pero normalizar el error no empodera a los que no lo consiguen: todo lo contrario. Normalizar el fracaso te ayuda a entender que forma parte del camino.

No se trata de sentirse afortunado por perder 20.000 euros en una mala idea, se trata de que entiendas el riesgo de perder 20.000 euros si no asumes que probablemente cometerás errores.

Aprender del éxito, es aprender del camino hacia el éxito, no el éxito de una idea.

Aprender del éxito (y esto es importante), es aprender del camino hacia el éxito, no el éxito de una idea. Pocos caminos te van a venir asfaltados con recetas fáciles y vas a tener que afrontar contratiempos. Porque la idea es un buen punto de partida. Y ya. Te pongo un ejemplo: Vivo en una región en la que las tres ciudades más importantes están separadas por pocos kilómetros y aún así, una idea que funciona en una ciudad no lo hará en otra. La idea no vale si no te paras a entender para quién la estás diseñando y la importancia radical en cada matiz. A veces 28 kilómetros pueden convertir un éxito en fracaso porque el comportamiento de compra tiene matices.

Adaptación

Entonces, ¿cuál crees que es la parte más importante de la escalada? Yo lo tengo claro: el escalador se adapta. Adapta la posición, adapta la fuerza, adapta las distancias en función del relieve que se vaya encontrando por el camino. Cuando emprendes, ese relieve es información. Cada vez que salgas a la calle, preguntes, escuches y pivotes, te estás ganando un seguro extra en la subida, y el riesgo y la incertidumbre bajarán. Por favor, trata de que el riesgo y la incertidumbre no te hagan perder el equilibrio cuando tomes decisiones.

Poner a la gente en el centro

Cuando te molestas en salir a la calle, preguntar y escuchar, tu aspiración por crecer se convierte en vocación de servicio y pones a la gente en el centro, tratas de aprender antes de vender. Si sólo estás centrado en crecer y llegar cuanto antes a la cima, estarás haciendo escalada libre. Y si es así tendrás que medir muy bien tus fuerzas por muy bien que lo hagas, si no corriges el rumbo puede que cuando te des cuenta estés demasiado arriba, lejos de meta y sin seguros.

No hay nada menos productivo que hacer de manera eficiente lo que nunca deberíamos haber empezado a hacer” 

Peter Drucker.

Creo que en general, emprendiendo o no, en la vida nos pasa un poco lo mismo. Preferimos la frase “vas a conseguir todo lo que te propongas” a pensar en el trabajo que hay detrás de lograr cosas. Es mucho más fácil pensar que la gente tiene éxito porque tuvo una buena idea y sin embargo estoy segura de que mucha gente con éxito te dirá que esa idea es buena porque resuelve problemas reales de gente real, que conocerlos, comprobarlos y estudiarlos es vital, que los comienzos están llenos de cambios y que la constancia, la dedicación y el trabajo duro es una parte fundamental de ese éxito.

La felicidad es el proceso y nunca la meta

Es más fácil vender un libro que ponga “Guía de 10 pasos para ser feliz” que otro que te digan que la felicidad es el proceso y nunca una meta. Pero con el último aprenderás mucho más.

Así que ten cuidado con tus expectativas, ten cuidado cuando sólo te den recetas, ten cuidado cuando pienses que tienes el mundo a tus pies, que eres mejor que nadie, que tu idea va a romper el mercado, que en un año serás portada de Forbes y que la vida está aquí sólo para ofrecerte lo mejor…. Sin trabajo detrás, sin autoconocimiento, sin estrategia, sin plan de acción… si no usas todo eso para ponerte al servicio de tu gente… te vas a quedar sin cuerda.

Y para descubrir aún más a Elia te invito a que visites su perfil de LinkedIn hasta que tenga su página web operativa 😉

Me encantará leer tu comentario :)