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Hoy hace un año que nos conocemos y ¡quiero celebrarlo contigo!

Antes de publicar el primer post en este blog que hoy es tan tuyo como mío, tardé 5 meses en tomar la decisión. Haciendo honor a la verdad, podemos decir que tardé 5 meses en dejar de ponerme excusas.

5 meses.

No tenía tiempo, no tenía ninguna temática sobre la que escribir novedosa, demasiado grado de exposición… todo esto llegué a argumentar de forma muy convencida.

Ja! Ilusa. Miedo. Pánico a enfrentarme a mí, a mis limitaciones, a mis dudas, a mis inseguridades y a mi eterno y cansino perfeccionismo. Terror del bueno disfrazado de excusas variadas era mi diagnóstico.

Pero un día me senté y dije: yo quiero escribir para que todas estas cosas que yo veo en mi día a día puedan servir a más personas de las que yo podría llegar en el tú a tú. Quiero compartir mis puntos de vista sobre temas que yo sé que las personas con las que trabajo me agradecen.

Pero no podía escribir a un público general. No me salían las palabras. Tampoco podía hacerlo de una forma especialmente técnica o teórica. Porque yo a mis clientes no les hablo así. Les hablo para que me entiendan. Soy directa, irónica, sonrío mucho, me río a menudo y si hace falta reñir para que así haya crecimiento, también lo hago. Y con esa misma línea, tan fácil y tan compleja a la vez, mostrarme tal y como soy, comencé a escribirte a ti. Y, uf! las palabras me salieron solas, ¡vaya si me salieron! Y ya no hubo vuelta atrás.

No te voy a engañar, no derrumbe ni uno sólo de mis miedos, pero hice algo mucho mejor… ¡actúe!

Me puse un límite para iniciar el blog. El 1 de enero de 2015. ¡Fíjate si seré petarda que acabé publicando un 26 de febrero!

Y ese día comenzó la magia. Porque no estaba sola. Ahí estabas tú. Y yo que hablaba para ti, sentía que me entendías. Que habíamos conectado, que mis palabras te habían dado un punto de vista diferente.

Pero es que hay mucho más. Has llegado a decirme que había un antes y un después en tu actitud ante el desempleo desde una frase determinada de uno de mis post, has llegado a decirme que había conseguido sacarte una sonrisa en un día de los de “nubes negras”, has llegado a decirme que con mis post daban ganas de levantarse y salir a hacer cosas.

Y muchas más cosas. Realmente has conseguido emocionarme, he llorado contigo (que conste que no soy de lágrima fácil, pero lo has conseguido muchas veces), me he alegrado infinitamente y he celebrado contigo cuando me decías que habías conseguido tus objetivos. También me has dado un baño de realidad brutal cuando leía tu situación y, a mi misma, se me venía el mundo encima.

Y todo esto, sólo hace que me den muchas ganas de empujarte el día que haga falta, de reñirte un poco a veces (eso también me lo han dicho muchas veces, jajajaja), de abrazarte siempre, de bajarte las revoluciones porque a veces no pasamos de vueltas, pero sobre todo, me dan ganas de llenarte de motivos para que actúes. Para que pienses y pases ya a la acción (sin temores, sin excusas, sin anticipar)

Dejo programados mis post la noche anterior para que salgan a las 7 de la mañana (cuando a mi aún me queda un cuarto de hora para despertar) porque aún me da un vértigo terrible publicar “en directo” por decirlo así.

Pero ahí llegas tú a compensar con creces mi esfuerzo y mi miedo, a hacer que merezca la pena, a darle sentido y vida y a enriquecer cada una mis palabras. Y, encima, ¡me das las gracias! Y yo me dejo horas de sueño en algún lugar de Asturias, agradeciéndote lo mucho que me has hecho crecer con tus aportaciones como profesional, pero, sobre todo, como persona.

Porque esto no te lo había dicho nunca. Escribo para ti, pero en cada post, hay una línea (o varias, depende del día) en el que también escribo para mí. Le hablo a la Elena a la que le dan ramalazos (exactamente en la misma medida que te dan a ti) de inseguridad, de negatividad, de inferioridad, de temores, de creencias disparatadas y completamente limitantes. Y, lo mejor de todo, es que creo tanto en lo que digo, que yo misma me obligo a mejorar, a actuar y a crecer. Y lo consigo. Y sé que tú también lo harás.

Y estos son los motivos por los que quiero celebrar contigo mi primer año de blog y estos son los motivos por los que deseo seguir.

¡Gracias por hacerme crecer! ¡Gracias por crecer a mi lado!

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No puedo dar las gracias a todas las personas que me empujaron a dar el paso. La lista es muy amplia y sería muy injusta dejándome a alguien por el camino. Pero siento la terrible necesidad de destacar al menos a:

Aitor Madrid. Porque me insiste hasta la saciedad en la importancia de que creara un blog cuando ni siquiera yo me lo planteaba. Ángel Ruiz porque es todo #ACTitud y, sobre todo, todo corazón.

Mis compañeros de La Nueva Ruta del Empleo. Todos y cada uno de ellos porque con ellos crecí y compartí y me hicieron sentir la necesidad de dar un paso más. Sergio Ayala, en concreto, porque  con su generosidad infinita, hizo que yo creyera más en mi. Y eso no tiene precio.

Isabel Iglesias. Porque me invito a escribir como blogger invitada en su casa digital antes de que yo tuviera el mío. Y nunca se lo podré agradecer lo suficiente. Víctor Candel. Porque es muy grande, porque casi me caigo cuando me invito a escribir en su blog y porque este verano estuve en Lorca (y no nos pudimos ver) y se la debo.

Eva Collado. Ella no lo sabe, pero toda ella me inspira jajajaja Y ella tenía un blog!!

@Yoriento y @marcapersonal porque anda que no han insistido en sus conceptos de si no tienes blog eres un sin techo digital, etc. Para que veáis que no caen en saco roto vuestras palabras.

Juan Luis Jimeno por aguantar de forma estoica las chapas que te doy y por ser fuente de inspiración y mejora cada día ¡Gracias!

Roberto Bayón de Centros Sat, porque me ayudó en la parte técnica a darle forma al blog y porque con infinita paciencia y profesionalidad atendió todas a cada una de mis, por entonces, tremendas y dramáticas dudas. Eres un lujo Roberto.

Juan José Arnaiz porque si ya de por si es un privilegio compartir los valores con los que nuestros padres nos han educado, no podéis ni imaginar lo que implica crecer a su lado. Gran parte de quién soy es tuyo, ¡así que gracias infinitas!

Y claro, no puedo olvidarte, gracias a ti. Tan lejos y tan sumamente cerca. Gracias por tu apoyo y tu calor cada día. Gracias por darme tantísimo a cambio de tan poco. Gracias por estar ahí, a pesar de las circunstancias.

 ¿Caminamos juntos un año más?