Tu envidia es tan solo amor

Admiración y envidia

Admiración y envidia. Envidia y admiración. Mirar desde el amor, mirar desde el odio o, simplemente, no mirar.

Empiezo fuerte. Lo sé. Y me gusta.

Somos personas. Y para construir la valoración que hacemos de nosotros mismos, miramos hacia afuera. Miramos a quienes pueden hacer cosas parecidas a nosotros y a quienes hacen cosas que nosotros no podemos (o no queremos), pero que nos encantaría poseer. Esto es humano y existe desde que el mundo es mundo.

La llegada de las redes sociales nos ha ampliado drásticamente nuestro círculo de iguales, nuestro grupo de referencia y los espejos en los que mirarnos. Y, por primera vez en la historia, vemos de forma pública y en tiempo casi real las reacciones que suscitan en los demás espectadores. Y tengo dudas de que estemos preparados para ello. Y a mí, que me fascina observar comportamientos y aprender, disfruto de lo lindo con lo que ocurre en el panorama 2.0.

Vamos allá.

Admiración

Cuando te admiro, le estoy dando un valor extraordinario a alguna de tus cualidades. Y, a veces, por efecto de la ”sobregeneralización” hago extensiva esta valoración a toda tu persona. Cuando lo llevo a su máxima expresión surge el conocido fenómeno fan.

En función de nuestro grado de extraversión (se dice así, no es una errata, que siempre me corrigen esta palabra :p ) se lo decimos a esa persona o no. Yo, para el reconocimiento público de lo que otros hacen bien, soy muy extravertida. Y creo que hacerlo también implica un punto importante de generosidad. Así que cuando admiro algo de lo que has hecho, te lo digo. Para que te enteres y te lo creas, para que otros puedan descubrirte y sentir lo mismo que yo, para acariciarte el alma por dentro, para abrazar tus logros y para crecer contigo.

Porque cuando admiramos, miramos con ojos de niña, crecemos, mejoramos y aprendemos. Y no por este orden necesariamente.

Envidia

Pero a veces nos toca cruz. Llega la cara B. Y resulta que tú tienes una cualidad que yo valoro… pero no la tengo. Y, o no puedo o no estoy dispuesta a hacer el esfuerzo necesario para lograrlo. Y me molesta. Porque tú si la tienes. Y yo no.

Me enfado conmigo. Y esto está muy bien… Está muy bien si me sirve como revulsivo, para aprender, para evaluar y para mejorar. Pero como esto me cuesta mucho, voy por el camino rápido. Y, entonces, en lugar de darme caña a mí… te la doy a ti. ¡Te la doy a ti y me quedo tan ancho!

Y hago muchas cosas para ello. Pero la fundamental es quitarte mérito: “No es para tanto”, “Lo habrá conseguido por suerte, por enchufe, por guapo o sabe Dios porqué”.

¿Cómo va a admitir y asumir nadie que lo único que yo tengo que hacer, si lo quiero, es trabajar (más, sí más)?

O peor aún, ¿cómo vamos a admitir que no podemos tener todo lo que queremos? ¿Que esa es la mayor mentira que nos han dicho jamás en un intento de hacernos todopoderosos?

Y, sobre todo, ¿cómo voy a ser capaz admitir que siento envidia?

No es posible tener todo lo que quieres. Y no pasa nada, de verdad que no.

No, no puedo tener todo lo que quiero, qué liberación tan grande ahora que lo sé. Sólo (y ya es bastante) se nos pide que lleguemos al máximo de nuestro potencial, o cuanto más arriba mejor.  Así que, si no te lo ha dicho nadie aún, aquí voy: no es posible tener todo lo que quieres. Y no pasa nada, de verdad que no.

Si no puedes tener un Maserati, o disfruta sólo con verlo, o no lo mires, o busca la manera de conseguirlo. Pero no odies.

Asumir esto te lleva a una opción muy lícita: el no mirar. Hay algo que quieres tener y no puedes. O disfrutas mirando, apreciando, sintiendo la belleza de ver algo en acción que no tú tienes, o no mires. Me voy a cambiar un coche, puedo deleitarme viendo la belleza de un Maserati (por decir algo) u optar por no mirar para él porque sé que, al menos por ahora (siempre me ha gustado mi punto optimista), no lo voy a tener.

La admiración nace de la belleza y del amor. Y la envidia del odio, de la inseguridad y de la baja autoestima.

Observadores 2.0

Cuando nos convertimos en observadores y/o participantes del 2.0, y de las redes sociales en particular, nos podemos posicionar en alguna de estas opciones. Podemos admirar, “malmirar” o ,simplemente, no mirar.

Y ahora vamos a rizar el rizo un poco más.

¿Admiración o… peloteo?

Cuando veo que otros alaban públicamente a otra persona (o aquello que hace) puedo pensar que es fruto de la admiración o… del peloteo. Y este último punto es el que más miga tiene.

Cuando no queremos o  no podemos tener algo y miramos desde la envidia, le restamos valor (uf, ese Maserati consume muchísimo) o directamente lo boicoteamos (yo no lo quiero ni regalado, jajaja)

Si ésa o ése tiene algo que yo no tengo, pero lo quiero y no puedo… grrrrrrr ¿Qué hace toda esa gente recordándoselo? ¿Es que no ven que yo no puedo tenerlo y me duele, y así lo único que hacen es evidenciarlo más? ¿Acaso no ven que eso que hace no tiene tanto mérito?

Solución de la envidia que es lista como el hambre: No sólo le quites mérito a lo que hace esa persona. Quitáselo también a los que le alaban. En realidad, no piensan honestamente eso que le dicen. Llámalos palmeros. ¡Le están haciendo la pelota! Ellos saben tan bien como yo que no vale para nada, pero se lo dicen porque creen que sacarán tajada o porque son unos mediocres o porque si no, temen ser expulsados de la “pandi” ¡Uf, ahora sí que me llega el aire al cuello!

Delirante, ¿verdad? Pues que levante la mano el que no lo haya pensado alguna vez…

Voy un poco más allá en mi particular ensayo sobre la envidia 😉. Hay veces en que estas personas tienen o tenemos (no voy a caer en la soberbia de la que hablaba en este post) datos realistas que me incitan a pensar que tengo razón. Que no es para tanto y que las personas que le admiran lo hacen por puro peloteo.

Así hay personas que hacen cosas muy buenas y muy bien hechas. Pero ,¡leches!, son tan humanos como nuestra envidia. Así que, a veces, se equivocan y hacen cosas que no son tan buenas. Objetivamente podríamos afirmar que no es de tanta calidad como para tanta ovación.

Pero esas mismas personas que disfrutan de su trabajo, si detectan un fallo una vez de cada millones, se lo pasan. Se lo pasan porque tiran de memoria y de “efecto halo” (a los psicólogos nos gustan los nombres raritos) que viene a explicar que lo que has hecho en el pasado te da un aval para “futuras idas de olla” del futuro.

Desde la admiración perdonas, explicas, pasas por alto, relativizas.

Desde la envidia, desde la envidia todo vale para autojustificarte y autoengañarte lanzando la “basura” que te sobra a ti contra los demás. Aprendamos a “reciclar”.

¿Qué nos trae el odio?

Y ahora sí, aquí viene la reflexión final:

¿Qué nos trae el odio?

¿No será mucho mejor vivir desde el amor también en una de sus miles de manifestaciones como puede ser la admiración?

Yo lo tengo claro, cada vez que me escucho restando valor a alguien me lo repito. ¿Qué tiene que tú no puedes tener? ¿Por qué no miras? ¿Por qué no escuchas? ¿Por qué no aprendes?

Vayamos una y las veces que sean necesarias a por nuestra humildad. Practiquemos también la mera contemplación, sin más. Sin juicios de valor. No todo es tan malo ni tan bueno. Si no eres capaz de admirar, al menos, no odies. No mires si no quieres, o mira sin entrar en valoraciones por si puedes aprender algo, pero hazte un favor, no odies.

Ya hay demasiado en el mundo como para que nuestro dichoso ego venga a generar más. Utiliza cada oportunidad que tengas de observar el comportamiento y el trabajo de los demás como una fuente de inspiración, para lo que quieres tener y, ojo, también para lo que NO quieres tener para ti. Pero recuerda siempre, el hecho de que para ti no sea bueno, no quiere decir que no lo sea para otros.

No luches contra gigantes de papel creados por tu cabeza, no trates de convencer al mundo. Sigue en tu camino, en tus aprendizajes, continúa centrado en los compañeros de batalla que te harán crecer.

Deja de sufrir, mira con cariño para dentro, nadie te está juzgando, nadie te está evaluando, nadie te está comparando tan durísimamente como lo estás haciendo tú. Los otros y sus bondades no son la causa. Está en ti. Deja atrás la envidia. Vayámonos despojando de ella y crezcamos. No hay otro camino.

Que como dice Mr. Machín “tengo envidia y es tan sólo amor” (mi sentido del humor que no falte :p)

 

 

Plural: 6 Comentarios Añadir valoración

  1. Esmeralda dice:

    Brillante Elena! Felicidades!

    1. Elena Arnaiz dice:

      muchísimas gracias Esmeralda! Con mil ganas ya de leer el tuyo 🙂 Un abrazo enorme!

  2. M.E dice:

    Me gustaría ahondar un poco más sobre la postura del “no mirar”. ¿Hasta qué punto es esa postura correcta y productiva?
    Me siento muy identificada con esa conducta…me es extremadamente difícil admirar, incluso en mis momentos más durillos (soy consciente de que mi autoestima ha sido siempre defectuosa) tengo ciertos sentimientos de odio/envidia. Al final, con la “madurez”, pules un poco esas inseguridades y, actualmente, mi postura general es la de la ignorancia…
    Sin embargo, creo que ser así me está impidiendo lograr una satisfacción vital plena…pero me es extremadamente difícil cambiarlo.

  3. Deize dice:

    No tengo palabras para describir lo tanto que me ha fascinado tu visión. Te admiro!

  4. NATALIA BARCÁIZTEGUI dice:

    Elena, ENHORABUENA!!!! Y no es peloteo jajajajaja. Me ha parecido una descripción fantástica y muy realista de la envidia. Tenemos que analizarnos.

    1. Elena Arnaiz dice:

      jajajaja ay cuánto me alegras cada vez que apareces por aquí Natalia! Millones de gracias por tu valoración

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