Del plan a la acción y avanza…¡porque ya te toca!

La pregunta clave que has de hacerte en tu proceso de desarrollo profesional es:

¿Qué he hecho hoy que me acerca a mi objetivo profesional?

Hechos, actuaciones, comportamiento concretos y fácilmente observables por cualquier otra persona, modificaciones que tienen lugar en la realidad como consecuencia de nuestra acción. Es decir, todo lo contrario del pensamiento, de lo que ocurre en nuestra cabecita, de lo que se queda sólo para nosotros y, como mucho, en nuestra almohada.

Deseas con todas tus fuerzas, te preocupas con toda tu alma y anticipas de todo corazón, pero …

¿Qué haces? ¿Qué es lo que haces exactamente para que tu situación cambie?

Es paradójico, pero para actuar, lo primero que tienes que saber es que siempre, siempre y siempre hay una parte de la situación que está bajo tu control. Bajo tu capacidad de actuación. Siempre.

Y a esa parte debes aferrarte como si no hubiera mañana. Y sobre la parcela en la que tú tengas margen de maniobra, debes planificar y actuar. Plan, acción, evaluación, replanificación y vuelta a actuar. Así, sin parar. Como una hormiguita hacendosa. A pequeños pasos que te lleven hasta tu objetivo.

Necesito que antes de que acabes de leer este post, te hayas preocupado de averiguar si tu nivel de actuación está relacionado con tu nivel de preocupación. Cuanto mayor sea nuestra preocupación, más ahínco debes poner en actuar para que esa situación molesta se modifique.

¿Qué nos pasa a la gran mayoría de personitas?

Que a mayor preocupación, mayor sensación de indefensión. Y mayor es el poder paralizador del miedo. Más poderosa se hace la horrible nebulosa negra que rodea a todos y cada uno de nuestros pensamientos y más dificultad para pensar con claridad y distancia.

Nuestra situación de desempleo provoca en nosotros todos los requisitos para que las cosas que no producen resultados cobren protagonismo en nuestro modo de actuar. De esta manera, nos centramos en la preocupación, en la desesperación, en el miedo, en la pena, en la queja, en los balones fuera e incluso en la paranoia (“el mundo contra mi”) con resultados nefastos para nuestro empleo, para nosotros y para los que nos tienen que aguantar.

Vamos a hacer que nos disfruten. Vamos a hacernos un favorazo. Y vamos a acercarnos cada día un poco más a nuestro objetivo.

Vamos a pasar a la acción.

Deja ya de pensar, de rumiar, de plantear hipótesis, de los dichosos “¿y si…?” ¡Nunca lo sabrás a no ser que lo hagas!

Dedica un tiempo que determines dentro tu jornada laboral como buscador de oportunidades a reflexionar sobre tu estrategia. Esto está genial. Pero sólo sobre tu estrategia. Es decir, piensa sólo sobre qué, cuando y cómo vas a hacer para conseguir tu empleo. No te me líes pensando en qué va a pasar si no lo consigues, en qué vas a hacer cuando te digan que no, no te encierres ahí que no vas a un callejón sin salida. Identifica ese tipo de pensamientos, páralos y vuelve a lo tuyo.

Además, necesitas actuar. Escribe en un papel todas las acciones concretas que tienes que hacer para poder llegar tus miniobjetivos diarios. Y hazlos. Hártate de hacer llamadas de teléfono, de enviar mails a las personas que hayas decidido que pueden ser claves en tu búsqueda de empleo, de redactar el CV de una vez por todas en condiciones y de enviarlo, de tomar cafés, de ir a ponencias, de gestionar tu marca personal, de trabajar para hacer que se te conozca por tu profesión, hártate de hacer todas aquellas acciones que hayas decidido hacer para conseguir tu empleo. Cuando, desde fuera, te pregunten que si no te cansas, ahí y justo en ese momento, es cuando empiezas a ir bien.

Os puedo asegurar que mis sesiones están llenos de las palabras “voy a…” y “tengo que…” y, de cada diez veces que las escucho, te diría que nueve no me las creo. Y acierto. Es sorprendente, me dices que quieres hacer pero no haces.

Me dices que no puedes….

Tú me dices que no puedes (no tuve tiempo, no tuve fuerzas, no tuve ganas, el perro, la abuela que fuma o la socorrida abducción… aquí cada uno elabora más o menos la excusa).

Pero en realidad te mientes

Pero en realidad, te mientes. Te engañas a ti. Y te paralizas a ti. Y lo que es peor, un día más que pasa sin que te acerques a eso que tanto te preocupa (esto me consta que es muy real y sí que me lo creo). Y, precisamente porque me lo creo, porque sé que lo pasas realmente mal necesito convencerte de que no hay truco.

Que sólo coge peces el que se moja todo lo que se tenga que mojar; que sólo tiene un vientre de infarto el que deja de mirar en google los mejores trucos para estar cual tabla de planchar y se tira al suelo a hacer abdominales; que escribir este post justo antes de irme de puente un viernes a las 21.34 de la noche, se hace sentándose y escribiéndolo (aunque quieras llorar, jajajaja) y que sólo encuentra oportunidades el que hace cosas para generar que surjan.

O actúas o no lo consigues. Tu eliges.

Las oportunidades profesionales no le llegan a nadie a casa envueltas en un paquetín de regalo. Por más que te las merezcas, por más que te preocupes y por más que te importe dejar de estar en situación de desempleo o actúas o no lo consigues. Cada día un paso más. Poco a poco, pero no pares.

Y ahora dime ¿ya sabes lo que vas a HACER mañana por conseguir tu objetivo profesional?

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