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Confiar y ayudar para cuando el suelo se desmorone bajo tus pies

Confiar y ayudar para cuando el suelo se desmorone bajo tus pies

Hay determinadas circunstancias en nuestra vida que hacen que el suelo que pisas desaparezca bajo tus pies. Te quitan las referencias, las guías del camino, los planes. De pronto, todo es efímero, nada importa. El futuro es más incierto que nunca antes y el pasado poco importa ya, porque todo lo que has hecho, superado y peleado hasta ahora no sirve de absolutamente nada.

Cuando dejas de pisar suelo firme y sientes que comienzas un viaje sin retorno en caída libre sólo te queda confiar. Cuando la sensación de pánico y vértigo se empieza a apoderar de ti, sólo te queda una opción eficaz: ayudar.

Confiar en ti. En el nuevo mapa que dibujas y que te dice lo que puedes hacer en el próximo segundo. No vayas mucho más allá, en este momento todo lo que sabías sobre planificación y previsión no sirve. Ahora importa el segundo a segundo.

La confianza en ti es fundamental. Pero, querido mío, tú sólo no eres absolutamente nadie.

Necesitas de los demás. Necesitas confiar en los demás y paradójicamente, los necesitas para dar. No para recibir. Por más que sientas que es injusto, que te toca recibir sin esfuerzos, porque sí, por tu cara bonita y por el gran sufrimiento que tu situación te está produciendo.

Lo cierto que es nadie va a venir a sacarte de dónde estás. Sin tu esfuerzo nadie te va a rescatar. Y si quieres un atajo, tengo la solución: da. Da tu primero, date a los demás, ofrece tu ayuda, tu cariño, tu tiempo, tu dedicación. Cuesta mucho, lo sé. Hay que dejar atrás el ego y esa batalla es tremendamente dura, pero siempre vas a encontrar una parcela en la que seas capaz de dar lo mejor de ti. Eso si, hay que remover antes de usar. Me explico, para que funcione tienes que dar con generosidad, con honestidad y sin preguntar si faaaaalta mucho para obtener lo que te corresponde. Tu da con generosidad y ni te imaginas lo que te vendrá dado vuelta. Y si aún no has leído el libro “Dar y recibir: por qué ayudar a los demás conduce al éxito” el verano es un momento ideal para hacerlo y profundizar en esta filosofía de vida que tantos beneficios te va a traer.

Y ahora voy a la descripción gráfica y vivencial de todo esto que te cuento aquí y a las reflexiones que me he sacado de una parte de mis días de descanso de este año.

Agárrate, que vienen curvas.

El pasado 1 de agosto volvía de unas improvisadamente perfectas vacaciones con mi amiga y compañera de batallas: Andrea Pardo.

Elena Arnaiz Confianza

Nuestras coordenadas, nuestro suelo firme y la arena que aún nos quedaba en los bolsillos de las deliciosas playas de Mallorca se tambalearon.

Las palabras “pequeño problema” y “motor” salidas de la boca de un piloto que en pleno vuelo te indica que debemos volver a aterrizar para arreglar esa avería cortan la respiración al más pintado.

Los 20 minutos que pasaron entre la voz de ese hombre y el ruido de las ruedas posándose en el suelo, fueron, digamos finamente… “atemorizantes”

Avion Elena Arnaiz

El asunto no mejoró. Cuando te dicen que vuelas en el mismo avión que dio el fallo y que todo está ya en orden (incluida la aparición de la maleta del matrimonio que se bajó del avión porque no quieren asumir el riesgo que tu estás a punto de llevar a cabo ) pero que ahora esperamos autorización debido a las tremendas tormentas y turbulencias por el cuarto oeste peninsular, dices: ¡ay!

Ya en pleno bamboleo y bien altitos, cuando el avión se mueve como nunca antes tu habías vivido (en estos casos, la experiencia también es un grado), surgen muchas reacciones, que ahora con la templanza que te da el tiempo transcurrido, me han parecido de lo más reveladoras.

Te quiero contar tres tipos de reacciones que o bien he experimentado en mis carnes o he visto a mis compañeras de vuelo y algunos aprendizajes que he sacado de ellos.

  1. Confianza. En los demás

Confiar es la clave. La situación no está bajo tu control. La única opción factible que te queda es confiar en que el piloto quiere lo mejor para todos y recurrir a todos tus recuerdos sobre las favorables estadísticas aéreas. Cuando el control de la situación dependa de otras personas, la confianza total en ellas te hará sobrellevar mejor la situación. Aplica también a dentistas y demás seres de batas blancas y/o verdes.

  1. Dominio de tus pensamientos y autorregulación. Confianza. En ti.

Los pensamientos negativos NO se eliminan, se sustituyen. Que nadie te vuelva a decir “no pienses en eso”. Que te digan “piensa en otra cosa” sería mucho más eficaz.

Para evitar mi “vamos a morir todos” sólo tengo que centrarme en atraer una y otra vez pensamientos menos catastrofistas. “Esto pasa a diario”, “el avión es el medio de transporte más seguro del mundo” “hasta que falle, porque como falle, no la cuentas nena” (como veis, que lo intentes no quiere decir que lo consigas, la lucha para sustituir pensamientos es encarnizada)

Este estilo requiere concentración, y, por tanto, para poder llevarlo a la práctica necesito que no me hablen. Y esto me aleja del apoyo de mis seres queridos que se preocupan por como lo estoy pasando. Así que identificar este patrón recurrente en mi y tan bien escenificado en esta situación concreta me ha ayudado a aplicar cambios en otras facetas de mi vida en las que también me aíslo en exceso cuando necesito controlar mis pensamientos. Reflexionaré sobre ello y si tú también eres de estos, te invito a que lo hagamos juntos.

  1. Ayuda y generosidad.

Todos estamos pasando malos momentos, de forma constante. Quién más, quién menos lleva un zapato que le hace herida por algún lado. O va con cicatrices que no acaban de dejar de rascar. Una opción muy común es centrarte en lo tuyo y sálvese quién pueda.

La opción que te da la felicidad y te ayuda a vivir mejor es la de ayudar a los demás. Y mientras lo haces, tu sensación de disconfort se diluye o es menos fuerte. Así que, cuando quieras alejar tus fantasmas, no te recrees en ellos. Vete a espantar los de otros y por el camino, los tuyos dejaran de hacer tanto ruido con las cadenas.

Y esta reacción, que me encantaría que hubiera sido la mía, fue la que llevo a cabo mi ahora heroína Andrea. ¿Tenía miedo? Si, más que vergüenza jajajaja ¿cómo logró superarlo? Ayudando con generosidad y sin esperar nada de vuelta a la persona que tenía al otro lado. Que fácil y que evidente es todo a veces y que difícil de llevarlo a cabo cuando toca.

  1. Abandono, inercia, caída libre.

Aquí viene la peor. Cuando ni confías en los demás, ni confías en ti. Cuando no te centras en los demás todo se vuelve en tu contra y caes. Te dejas llevar y el pánico te arrastra. Pierdes la razón, la emoción te sacude a su antojo y con mayor fuerza que las puñeteras turbulencias. Y de los demás sólo esperas y deseas que te rescaten. Sólo dependes de la buena voluntad y de los recursos externos de los demás. Demasiado arriesgado, demasiado doloroso. Un desgaste excesivo que no te puedes permitir, porque nuestro particular avión de vida se menea, por desgracia, bastante más que este que os cuento.

Reflexiones y para qués.

Así que, buscando una vez más los “para qué” de las situaciones desagradables que me pasan, aquí van los que he sacado de esta aventura.

  • Para que improvises.

Nada de todo esto (lo buenísimo y lo ya anecdótico) que te ha ocurrido en estas vacaciones me hubiera pasado si no hubiera improvisado. Mi antigua Elena, dominada por el gen Ecker, hubiera dicho que no al plan de “locas” que nos marcamos mi amiga y yo, reservando el viaje 3 días antes de irnos. Porque yo controlaba y planificaba. Todo. Ja. Ya no.

  •  Para que confíes.

Aún más y sin condiciones. Cuando tú no puedas hacer nada para modificar el curso de algo, déjalo ir. Confía en que es lo mejor. Aunque ahora no seas capaz de verlo.

Confía en ti, en tu intuición, déjate llevar y vive el segundo a segundo. Confía en el potencial brutal y aún sorprendente que tienes dentro. Y confía en los demás, en su criterio, en sus decisiones y en sus buenas prácticas.

  • Ayuda a los demás siempre que tengas oportunidad, por encima de todo y para tu bien.

Centra tu energía en los demás y en disipar su dolor. Como por arte de magia el tuyo hará la propio y, además, con el doble de ayuda. Si logrará aplicar esta máxima a todos los ámbitos de mi vida, mi nivel de felicidad aumentaría. Seguiré trabajando en ello cada día, que las cosas no siempre salen de forma espontánea.

  • Las circunstancias son las que son.

Y si, a veces, son injustas, crueles, dolorosas, dan miedo. Otras son maravillosas, y todo confluye para tu bien, y sientes que vuelas. En todo caso, son las que son. Y en todas ellas, siempre habrá una parte que esté bajo tu capacidad de maniobra: tu reacción y tu forma de enfrentarte a ellas. Contra el resto, contra lo que no puedas modificar, acepta y vuelve a los puntos de arriba.

  • La vida sin sentido del humor no es vida.

Pero por encima de todo, sonríe. Siempre que recobres el aliento, no te quedes en tonalidad grisácea. Esa tonalidad pertenecía a a esa circunstancia. Vuelve a la luz y sonríe. Jamás dejes de sonreír cuando empieces a sentir que tienes la más mínima fuerza. Sonríe.

 

Y tú, ¿cómo reacciones cuando el suelo se tambalea bajo tus pies? 😉

¡Felices vacaciones!