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Autoestima, marca personal y viceversa

Autoestima y marca personal ¿Qué fue primero el huevo o la gallina?

Para gestionar con éxito tu marca personal tienes que tener una saneada autoestima.

Gestionar tu marca personal te ayuda a mejorar tu autoestima desde el primer paso.

¿vamos a allá?

Ahora que tenemos clara la relación de la autoestima con la marca personal (¿cómo puede ser que no hayas leído este post? Pincha aquí y le ponemos remedio) y sabemos que una de las claves de la autoestima es hacer una valoración equilibrada y una atribución justa de las valoraciones que los demás nos hacen estamos en disposición de entender aún más en profundidad la necesidad de trabajar en nuestra autoestima a la hora de gestionar nuestra marca personal.

Vamos al lío:

  1. Autoestima por defecto.

Si yo no conozco mis competencias, ¿cómo las voy a valorar?

Si yo no valoro mis competencias ¿quién me las va a valorar?

Si no las valoro ¿cómo voy a sacarlas a la luz?

Si no las enseño, me quedo sin la posibilidad de obtener un feedback de los demás sobre mis competencias y sin la posibilidad de ser reconocido por aquello que sé hacer. ¿Ves como sin una correcta autoestima es imposible iniciar el camino de la marca personal?

Superar el miedo al qué dirán es la primera batalla que tenemos que librar en la gestión de nuestra marca personal, dirán algunos. Pues no, la visibilidad es sólo una parte pequeña del proceso de desarrollo de marca personal.

La primera batalla empieza poniendo encima de la mesa nuestras competencias profesionales, el conjunto de atributos por el que queremos ser reconocidos y valorados. La toma de consciencia de todas estas competencias que teníamos desperdigadas por ahí porque acostumbramos a tener nuestro almacén de competencias muy muy muy desordenado nos hará tener un autoconcepto (la visión que tenemos de nosotros mismos) más saneado.

El propio proceso de hacer un inventario de nuestras cualidades ya nos estará invitando a realizar una valoración y aquí entra en juego la autoestima:

  • De algunas de las competencias que hayamos puesto encima de la mesa, haremos una valoración positiva. Bingo, esto empieza a funcionar. Vamos a preguntar en una evaluación 360º a ver si “los demás” también coinciden en estos aspectos y ya tenemos unas tremendas fortalezas a las que agarrarnos.
  • Analizando otras competencias veremos que necesitamos mejorar. Tomaremos decisiones sobre cuáles sí y cuáles ahora mismo y para mi objetivo no me compensa tocar (conviene recordar que la perfección no existe, ¡gracias a Dios, que cansinos seríamos!) Y también habrá llegado el momento de cantar victoria! Hacer una valoración positiva de nuestras competencias a mejorar nos lleva a una autocomplacencia que nos aleja sistemáticamente de nuestro desarrollo. Tener una autoestima negativa en este caso paradójicamente se convierte en algo muy positivo siempre y cuando nos invite a la acción y a la mejora.

El colmo del sinsentido y lo que te está matando en tu proceso de desarrollo profesional y de marca personal y en tu vida en general es hacer una valoración negativa de nuestras competencias bonitas. Este delirio (te prometo que a veces te escucho y no doy crédito) es la base de todas las dificultades de desarrollo.

Aquí, en este punto está la diferencia entre lo que sacan matrícula o se quedan con el aprobado. Entre los que van pasando de curso y los que repiten. Entre los que van a arrastrando o definitivamente abandonan y se me quedan a la deriva. Entre que consigas tus objetivos o no lo hagas. Entre que vivas la vida que mereces vivir o te la pases llorando, protestando y pensando en qué hubiera pasado si….

Si como todo hijo de vecino tienes competencias menos brillantes y te fustigas por ello (en lugar de moverte para cambiarlas o decides dejarlas ahí porque tampoco molestan tanto y ahora no toca) y con las bonitas también patinas y no aciertas a darles el valor que tienen (en lugar de forjarte una alta autoestima en torno a ellas) estamos mal. Estamos muy mal.

Dime algo bonito. Dime algo bonito sobre ti, regálate una caricia de abuela y aprende a valorarte con objetividad y darte el cariño que mereces en los aspectos que mereces. Absolutamente nadie más lo hará por ti.

  1. Autoestima por exceso.

Hacer una atribución positiva de algo objetivamente negativo nos resta la posibilidad de mejorar y de crecer. Si ocurre en un aspecto aislado y sobre el que nosotros no tenemos mucha posibilidad de mejora, nos beneficia este punto de desequilibrio en nuestro favor. Si lo llevamos  a todas nuestras áreas nos deja sin posibilidad de mejorar ¿Ves cómo la autoestima alta no siempre nos beneficia? ¿Ves porque te decía aquí que la autoestima tiene que ser equilibrada?

Hacer una valoración negativa de nuestras competencias más flojas y quedarnos ahí, lamiéndonos las heridas es sumamente improductivo. Esa valoración negativa es para que pases a la acción. Deja de hacer atribuciones surrealistas (como cuando suspendías y era porque el profe te tenía manía) y ponte las pilas. Acción. Y si no ha llegado el momento de desarrollar esa competencia, la dejamos ahí y así como está y la compensamos con las buenas. No es problema.

Vamos un pasito más allá. Resulta que si hacemos una atribución gloriosa y desproporcionadamente alta de todos nuestros rasgos (aunque estos sean positivos) también se nos va de madre (os aseguré que los malabares que hay que hacer para mantener a raya la autoestima eran tremendos). Tener una visión endiosada de nuestros atributos nos debilita enormemente. ¿En qué clase de juguete roto me voy a convertir cuando todo esto que yo me he creado en mi autoconcepto no se corresponda con la visión y la valoración que me dan desde fuera?

Ojo en este punto con la educación que estamos dando a los más pequeños. Hemos pasado del primer extremo (“nunca es suficiente”, “no es para tanto”, “para la siguiente vez, hazlo mejor”) a este último (“tu puedes con todo”, “eres el mejor”, “te tienen manía/envidia”, etc)  y vuelvo a repetir: tan dañina es una baja como una alta autoestima cuando la valoración que hacemos no es ajustada. El golpe (por decirlo finamente) va a ser igual de gordo en los dos casos.

  1. Autoestima equilibrada.

Sólo de la identificación de nuestras competencias, de la valoración objetiva y contrastada con la visión que los demás nos dan y de la evaluación que de cada una de nuestras maravillas (y desastres) hagamos dependerá que nuestra autoestima nos facilite la vida o nos suponga un lastre.

Siento ser así de dura, pero en buena medida, depende de ti. De la valoración que hagas y de la interpretación que hagas de lo que los demás te digan. Y digo lo de dura porque sé que no es tu culpa, que esa voz interna te pesa mucho y se ha llegado a fusionar con tu propia voz, que llevar esa tremenda mochila te desgasta, y que te has creído hasta las trancas las etiquetas que te han ido cosiendo en tu espalda. Y que no te las mereces. Y aquí está el punto. No son tuyas. Te las han puesto. Devuélveselas mentalmente a tu padre, a tu madre, a tus profes, a tus compañeros del cole o tu amigo el gracioso. Son de ellos, su nivel de exigencia también. Querían lo mejor para ti, pero no te lo explicaron bien. No te supieron llevar a la excelencia que tú te mereces y la sibilina exigencia hizo de las suyas para llevarte a la maldita perfección. Y no te explicaron que no hacía falta ser perfecta, que eres maravillosamente imperfecto. Y que sólo lograrás crecer cuando tengas todo esto asimilado. Y que modificar y cambiar todo esto está en tu mano, aunque si lo necesitas (y créeme que todos lo necesitamos alguna vez) aquí tienes la mía.

El camino es difícil. Pero se puede y se debe andar. Y sólo así, con una correcta, sana y equilibrada atribución de tus capacidades y de tu valía, conseguirás tus objetivos de desarrollo profesional, de gestionar con éxito tu marca personal, de abrazar la vida y de amarte a ti para poder amar a los demás. Casi nada.

No me digas que te vas a perder el último post de la saga… Es el más jugoso, te lo puedo asegurar. ¿Cómo dejas que te afecte la opinión de los demás sobre tu autoestima?


Este miércoles 22 de noviembre estaré a las 12.00 en el Foro de Empleo de Empleoviedo y Ayuntamiento de Oviedo con una conferencia que he titulado “Buscar empleo es buscar personas: ¿estás preparado para dejar huella?” Y te espero allí con los brazos abiertos y junto a grandes profesionales y empresas que te ayudarán en tu camino de desarrollo profesional. ¡Nos vemos!

Foro Empleo Oviedo Elena Arnaiz